Por Antulio Ficachi

Si de volar en ilusiones y navegaciones cannábicas se trata, en el Palacio de la Suprema Corte andan de un apetito voraz. Resulta que los ministros de justicia —siete de ellos, para ser precisos— andaban de antojo y le dieron el sí a los brownies y galletitas mágicas. 

Con la bendición de la ministra Lenia Batres, la resolución determinó que hornear repostería con cannabis es un mero “acto culinario ordinario” y no una amenaza sanitaria. ¡Que rico! 

Mientras el país se desmorona entre abrazos y balazos, en el máximo tribunal se preocupan porque a un ciudadano no le arruinen el viaje pastelero. Eso sí, la COFEPRIS tendrá que dar el permiso a regañadientes, pero nomás para autoconsumo, no vayan a querer poner su franquicia de Choco-Mari afuera de las escuelas. 

Doña Yasmín Esquivel y la exconsejera María Estela Ríos votaron en contra, acaso temerosas de que en la próxima sesión el pleno sesione entre nubes densas y risas sin sentido. 

Para seguir en modo 4T: o nos están mintiendo, o de plano ya están volando muy alto en puras ilusiones… ¡y sin salir de la cocina!

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Allá en las tierras del “Tío Donald”, Trump anda repartiendo espejitos y cuentas de vidrio, pero en versión billete verde. Con tal de que sus muchachitos no pierdan el control del Congreso el próximo 3 de noviembre, el rubio magnate prometió soltar un “Dividendo Trump” de 5 mil dólares por cabeza a cada adulto estadounidense. ¿La única condición? Ganar las urnas y gastarse la morralla en el mercado local. ¡Vaya, vaya! Con un costo de nada: más de un billón de dólares que nadie sabe de qué pozo van a salir. 

Tan urgido anda el hombre con su 38 por ciento de aprobación que, de seguir así, bien podría mandar a sus asesores de 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad a tomar clases intensivas con los creadores de las “pensiones y pensamientos del bienestar”. 

Al cabo, para comprar votos con el dinero público, acá cuecen muy bien las habas… ¡y con empaque electoral!

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Y hablando de espectáculos vergonzosos, ¡que chulada de acarreo se aventaron los del “cambio verdadero” en el Estadio Beto Ávila de Boca del Río! La burocracia veracruzana tuvo que madrugar desde las 8:00 de la mañana, soportar bochornos de 40 grados y someterse a filtros ideológicos para ir a aplaudirle a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien lució un vistoso sombrero vaquero para capear el sol.

Mientras los hospitales agonizan sin medicinas y la inseguridad arde, la maquinaria estatal que encabeza Rocío Nahle movilizó decenas de autobuses desde Xalapa cargados con empleados de confianza, obligados a escuchar el discurso cansino y repetitivo de la visitante. 

Prometieron que iban a ser diferentes, pero terminaron perfeccionando el arte del aplauso forzado.

¡Viva la transformación!

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Ni Sherlock Holmes en sus mejores días habría resuelto un enigma con tanta “eficacia” como la FGR y la Fiscalía veracruzana. Resulta que sobre la muerte del diputado federal Zenyazen Escobar, las autoridades desplegaron un operativo digno de CSI Veracruz: más de 150 peritajes, exámenes toxicológicos y diligencias de todos los colores para concluir que todo apunta a un suicidio. 

Un diagnóstico que en el papel suena impecable, pero que en las calles y pasillos del poder cae como plomo. Aunque insisten en que la carpeta sigue abierta —pura pantalla para taparle el ojo al macho—, la vox populi señala con fina ironía que el hombre fuerte de Cuitláhuac Gracia más bien “se suicidó con asistencia voluntaria”. 

La versión oficial está dicha, pero la sospecha flota en el ambiente.

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Para cerrar con broche de hojalata, los ilustres ciudadanos de la capital veracruzana resultaron de una ingratitud del demonio. La alcaldesa Daniela Griego se hundió hasta el fondo del ranking nacional de la encuestadora Rubrum, ocupando el vergonzoso lugar 31 de 31 capitales con un vergonzoso 2.97 de calificación.

Nadie en Xalapa parece valorar la brillantez del gabinete de la eficaz ex directora del IPE, ni la finura y honestidad del síndico municipal Marco Aurelio Martínez, ni el IQ nivel Einstein de Fernando Arana Watty en Desarrollo Económico, ni la visión tipo Elon Musk de Eduardo Blanco Guillaumin en Turismo. La gente, en su absoluta insensibilidad, reprobó la lejanía y el desempeño del ayuntamiento. 

¡Vaya ingratitud y falta de sensibilidad política del respetable público xalapeño para con semejantes mentes luminosas! Con esas calificaciones tan deplorables, no se sorprendan si un buen día de estos amanecen con la noticia de que les cancelan los festivales, los tequíos y cuanto loquío municipal se les ocurra organizar.

Y que conste en acta, distinguidos capitalinos: sobre advertencia no hay engaño.

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