Por Antulio Ficachi
Desde la mismísima tribuna de la ONU, el simpático Donald Trump volvió a sacudirse la modorra internacional asegurando que México es el epicentro mundial de los cárteles y que compartimos una frontera de tres mil kilómetros con una zona de desastre.
Eso sí, muy sonriente el gringo al presumir que ya se han ventilado a más de 200 almas en sus operativos contra lanchitas sospechosas, desatando el grito en el cielo de los relatores internacionales que apenas descubren que el Tío Sam se pasa el derecho internacional por el arco del triunfo.
Del otro lado, los científicos morenistas responden con el librito de siempre: soberanía por aquí, abrazos por allá y que Washington mejor se encargue de sus adictos.
Puro teatro diplomático donde todos aplauden, nadie se hace cargo y la violencia sigue cobrando boleto de entrada.
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Y si el panorama nacional pinta feo, en Veracruz el sistema de salud parece sacado de comedia cantinlesca. La mismísima Presidencia de la República tuvo que admitir lo evidente: en los hospitales públicos no hay ni gasas, el personal médico anda con los nervios de punta y las farmacias comunitarias son un monumento al optimismo vacío.
Para apagar el fuego, mandaron al doctor Alejandro Svarch a revisar la zona, mientras que el impresentable y caricaturesco Roberto Ramos Alor —eterno coleccionista de escándalos y regaños a trabajadores— sigue bajo la lupa de una Secretaría Anticorrupción que investiga de oficio pero calla por aquello de la “secrecía”.
Las protestas médicas se multiplican, los recién nacidos en Durango sufren tragedias imperdonables y la respuesta oficial sigue siendo la misma: echarle la culpa al pasado mientras el presente se destruye en urgencias.
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Pero donde las cosas se pusieron verdaderamente dignas de sainete fue en Xalapa. Una protesta por la escasez de agua en Jalacingo y Altotonga terminó con desalojo policiaco y un sabroso encontronazo verbal.
La gobernadora Rocío Nahle apuntó sus baterías contra la familia de Pepe Yunes (ya que, al parecer, no tiene pendientes más urgentes en la agenda), sugiriendo que un polémico pozo profundo que seca la sed de 30 mil almas pertenece a la parentela opositora.
El aludido no tardó en contestar, exigiendo que no lo calumnien con la misma ligereza con la que se gobierna el estado.
En Veracruz el agua escasea para el pueblo, pero abunda para regar las sospechas políticas.
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Finalmente, entre tanto sainete terrenal, la Iglesia católica también se mueve. El Vaticano aceptó la renuncia de monseñor Víctor Valentín Sánchez Espinosa y mandó a Jorge Carlos Patrón Wong a tomar las riendas de la Arquidiócesis de Puebla, dejándonos huérfanos de sotana en Xalapa.
Viene a la memoria aquella sabia reflexión que el propio Patrón Wong soltó en su momento en entrevista para Palabras Claras: “La imposición es una ideología que choca con la realidad, y la realidad no se cambia con discursos. Cualquier ideología, en México no tiene futuro, tiene un poder inmediato, y hemos visto caer muchas ideologías.”.
Una verdad tan grande como un templo, lástima que nuestros próceres de la política sigan prefiriendo el aplauso fácil antes que abrir los ojos.

