Por Antulio Ficachi

Dicen que la diplomacia es el arte de decir “bonito perro” mientras buscas una piedra lo suficientemente grande para descalabrar al vecino. Y si no, que le pregunten a nuestra flamante titular del Ejecutivo federal, quien se echó un tiro verbal con el emperador de las pelucas rubias, el buen Donald Trump. 

Desde la máxima tribuna de la ONU, el magnate soltó su perlita habitual: que México es poco menos que la sucursal del infierno operada por los carteles. 

Faltó poco para que exigiera visa de turista hasta para los tacos al pastor.

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Pero la respuesta de la mandataria no se quedó atrás, aplicando el clásico “¿Y tú la llevas más grande?”. Con una ironía digna de sobremesa dominical, soltó el dardo: “Es muy difícil vivir junto a un país que tiene tanta producción de armas… o tanto consumo de drogas”. 

Eso sí, aclarando de inmediato que el amor patrio y la diplomacia de cartera van primero, no vaya a ser que se enoje el patrón del norte y nos mande aranceles hasta por respirar. 

Al final, todo queda en un matrimonio mal avenido donde los cuernos y los balazos se intercambian con una sonrisa protocolaria.

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En la república bananera de al lado —la nuestra, por supuesto—, el drama continúa con tintes de opereta bufa. Vámonos recio a Veracruz, tierra de jarocho culto y ocurrencias monumentales, donde Roberto Ramos Alor, prócer del IMSS-Bienestar, resultó ser todo un caso de estudio para la medicina moderna y el derecho penal. 

Resulta que el hombre recetaba con la seguridad de un eminente neumólogo, pero al rascarle tantito en el Registro Nacional de Profesionistas… ¡oh, sorpresa!, la dichosa cédula de especialista brillaba por su ausencia. 

Este charlatán, disfrazado de doctor, sólo tiene papelitos de médico cirujano y licenciado en leyes, lo justo para curar un catarro o demandar al vecino por ruidos nocturnos, pero no para andar operando pulmones ajenos.

Por si fuera poco el cochinero, los ‘malditos neoliberales y de ultraderecha’ lo ligaron con contratos jugosos a favor de la empresa Euro Medical, con socios muy cercanos al yerno de la mismísima gobernadora Rocío Nahle.

¡Puro amor familiar y licitaciones transparentes como agua de charco!

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Y hablando de charcos y líquidos preciosos, la propia gobernadora sufrió un tremendo resbalón hídrico. Muy digna, había señalado a la familia de los Yunes Zorrilla como los acaparadores de un polémico pozo que desató protestas furiosas en Altotonga y Jalacingo. ¡Exigía la cabeza de los conservadores! 

Pero vino la Conagua —esa misma que a veces trabaja y a veces se hace de la vista gorda— y le desinfló el globo: el título de concesión no era de ningún Yunes, sino de un modesto ciudadano apellidado Orozco, y para colmo, la ley avala su funcionamiento tras un revés en los tribunales federales. 

Así que la mandataria se quedó con las ganas de colgar a sus adversarios favoritos y tuvo que conformarse con ver cómo el agua se le escapaba entre los dedos, mientras los pobladores siguen sedientos y esperando milagros de la Cuarta Transformación.

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Pero no todo son penas, corrupción y balaceras en este macondiano trópico. Para calmar las aguas y limpiar las penas, Xalapa ya se alza el cuello con su 16ª Expo de Autos Antiguos. Porque reconozcámoslo, si algo sobrevive a la ineptitud de nuestros gobernantes y a la violencia del narco, son esos armatostes con motor de ocho cilindros que huelen a gasolina con plomo y a tiempos mejores. 

Este próximo 17 y 18 de octubre, la Universidad Anáhuac se llenará de joyas rodantes que recuerdan al abuelo cuando todavía tenía pelo y el país ilusión. Lo mejor del asunto es que la entrada es gratis y lo recaudado irá a dar al Heroico Cuerpo de Bomberos, esos valientes que apagan los incendios reales mientras los políticos se dedican a encender otros bien distintos.

Al final, entre la ONU, los balazos, los títulos apócrifos y los Ford Falcon modelo 70, la vida pública nacional sigue siendo una comedia involuntaria donde lo único seguro es que el tanque de gas —y la paciencia ciudadana— están a punto de agotarse.

Para finalizar un ruego especial: Si usted encuentra un título universitario, una cédula verdadera o un gramo de congruencia política, por favor devuélvalo a la oficina de objetos perdidos de Palacio Nacional. Hay recompensa.

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