Por Antulio Ficachi
A dos años de la coronación en Palacio, la mandataria Claudia Sheinbaum decidió que la crítica a los nexos oscuros no es debate político, sino una ofensa imperdonable a su majestad. Ante la pregunta incómoda sobre el blindaje de campañas frente al dinero sucio, la respuesta institucional se redujo al viejo arrebato: ¡Ahora sí te pasaste!
Desde la trinchera del poder oficial se opera bajo la lógica de la presencia pura: para la narrativa oficial, lo que no está registrado en los archivos notariales del INE simplemente no existe. Es el triunfo de la metafísica del Estado, donde el signo monetario del narcotráfico se disuelve mágicamente al cruzar por la aduana de los rollos gubernamentales.
La verdad ya no es un espejo de los hechos, sino un decreto matutino que sepulta los informes del imperio del norte y las sombras del régimen sinaloense bajo toneladas de papeles notariados.
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En el mundo real —ese molesto territorio ajeno a las proyecciones de la mañanera— el famoso súper peso se desplomó como castillo de naipes frente al avance global del dólar, cotizando en los 18.31 y rozando los 18.43 por unidad.
La divisa mexicana, hiperventilada por los choques externos y los fantasmas de la inflación global, demuestra que la fortaleza económica de la que presume el oficialismo morenista era sólo un espejismo sostenido por los jugosos diferenciales de tasas de interés de la Fed.
La Reserva Estadosunidense ajusta las tuercas y en México se responde con un silencio mecánico. Al final, lo único que mantiene una solidez inquebrantable en este país es la inagotable fábrica de mentiras heredada desde el sexenio pasado.
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Y para que nadie se atreva a reírse de la tragedia cambiaria o de las ocurrencias del régimen, el Senado aprobó con 72 votos la flamante “Ley Antimemes” (una reforma al artículo 403 bis de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial).
Bajo el pretexto de combatir la piratería para el T-MEC, el oficialismo dotó a los inquisidores modernos de un garrote legal que castiga de uno a cinco años de prisión a quien use la identidad gráfica oficial para “inducir al error”.
Como bien advirtió Artículo 19 y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), la ambigüedad del texto es un cheque en blanco para criminalizar la sátira, el cartón político y el meme crítico.
El Estado no tolera la ironía porque la ironía desarma el mito fundacional del régimen. Cuando el poder se sacraliza a golpe de código penal, la risa ciudadana se convierte automáticamente en el delito más grave del catálogo oficial.
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Pero si la política flirtea con el autoritarismo, el territorio municipal se ahoga literalmente en su propia podredumbre. El relleno sanitario de El Tronconal, donde se depositan los desperdicios de los xalapeños, colapsó parcialmente bajo el peso de sus propias omisiones.
La Profepa ordenó la clausura de las lagunas 1 y 2 tras detectar una fuga criminal de lixiviados que ya contaminó suelo natural, terrenos vecinos y un afluente del río San Juan.
Mientras los jugosos líquidos espumosos de color café avanzan hacia los mantos acuíferos, el Ayuntamiento de Xalapa, encabezado por Daniela Griego, opta por la táctica más vieja de la política aldeana: esconder la basura bajo la alfombra y mantener en reserva el estado real de la sexta celda.
El medio ambiente agoniza, la flora y la fauna sufren un desequilibrio inminente, y la respuesta institucional es el silencio administrativo, demostrando que la opacidad es el mejor desodorante para la incompetencia edilicia.
Toda una desgracia resultó el ayuntamiento, los ediles y funcionarios presididos por la señora Griego.
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Y justo hoy, cuando las manecillas del calendario nos recuerdan que el 2 de octubre no se olvida, la historia se nos presenta como un recordatorio punzante.
Las formas del autoritarismo mutan, las siglas del partido en el poder cambian y los discursos oficiales se reciclan con ropajes dizque democráticos, pero la tentación de reprimir la crítica, de maquillar cifras, de censurar la gráfica disidente y de encubrir la negligencia institucional sigue intacta en los sótanos del poder mexicano.

