El 29 de enero de 1995, el papa Juan Pablo II beatificó a monseñor Rafael Guízar y Valencia en una ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, como parte de los actos del pontificado dedicados al reconocimiento de figuras relevantes de la Iglesia en el siglo XX.
Rafael Guízar y Valencia nació en Cotija, Michoacán, en 1878, y fue ordenado sacerdote en 1901. A lo largo de su ministerio se distinguió por su labor pastoral y su cercanía con comunidades marginadas. En 1919 fue nombrado obispo de Veracruz, cargo que ejerció en uno de los periodos más complejos para la Iglesia católica en México.
Durante las décadas de 1920 y 1930, el país atravesó una etapa de persecución religiosa derivada de la aplicación de leyes anticlericales. En ese contexto, Guízar y Valencia realizó su labor pastoral de manera itinerante y clandestina, evitando la persecución de autoridades civiles y manteniendo la administración de sacramentos en distintas regiones del estado de Veracruz.
El reconocimiento a su trayectoria se formalizó décadas después. El 29 de enero de 1995, el Vaticano declaró beato a Guízar y Valencia, al considerar su vida de fe, su resistencia pastoral en condiciones adversas y su testimonio durante el conflicto entre el Estado y la Iglesia en México.
La beatificación lo colocó como una figura representativa del catolicismo mexicano del siglo XX y como referente histórico del periodo de confrontación religiosa, etapa clave para comprender la relación entre las instituciones civiles y religiosas en el país.







