La vida de Irma Chedraui Obeso se distinguió por una virtud que trasciende cualquier trayectoria empresarial: la calidad humana.
Fue la menor de cinco hermanos —Ana, Stella, Antonio y Alfredo Chedraui— y desde esa posición familiar forjó un carácter firme, discreto y solidario. Creció en el seno de una familia que marcó pauta en el comercio nacional, pero eligió caminar con humildad, cercana a la gente y atenta a las necesidades de los demás.
Quienes la conocieron evocan una escena entrañable que la define: su gusto por disfrutar palomitas naturales recién hechas en las máquinas de las tiendas Chedraui. Sin protocolos ni formalidades, siempre sonriente y amable, se detenía a saborear ese pequeño placer cotidiano, recordando que la sencillez es también una forma de grandeza.
Su vocación de servicio encontró cauce en el Banco de Alimentos Maná, institución que presidió y fundó con la convicción de que ningún esfuerzo es menor cuando se trata de combatir el hambre. Desde ahí impulsó una labor constante para llevar alimento y esperanza a miles de familias, articulando voluntades y recursos con sensibilidad y compromiso.
En el ámbito familiar, su mayor orgullo fueron sus hijos, Justo Félix y David Fernández Chedraui, a quienes formó bajo principios de honestidad, trabajo y responsabilidad social. Hoy son reconocidos como empresarios íntegros y comprometidos, reflejo de la educación y valores que ella sembró.
Irma Chedraui Obeso deja una herencia que no se mide únicamente en logros institucionales, sino en afectos, ejemplo y congruencia. Su memoria perdura en cada acto solidario que promovió y en la certeza de que el liderazgo auténtico se ejerce con cercanía, generosidad y una profunda vocación de servicio.

