A menos de dos semanas de que entren en funciones los 212 ayuntamientos de Veracruz, en varios gobiernos municipales ya comenzaron a caerse nombramientos que estaban “amarraditos” para arrancar en enero.

En la mayoría de las nuevas administraciones, los funcionarios clave habían sido anunciados sin sobresaltos hasta que llegaron las listas. Se sabe que estas fueron solicitadas por la gobernadora Rocío Nahle a los principales alcaldes y alcaldesas electas de Morena, con los nombres de quienes integrarían sus equipos cercanos. Y ahí empezó la limpia.

Bastó con que “detectaran” amistades, vínculos, sociedades, compadrazgos o simples conocidos de los Yunes para que muchos perfiles fueran borrados de un plumazo. No importó trayectoria, experiencia ni profesionalismo: la consigna fue clara y sin matices.

Incluso, los clásicos “periodistas de Face” habían comenzado a felicitar y aplaudir a algunos de los futuros funcionarios, que hoy ya no existen políticamente. De la foto al olvido en cuestión de horas.

El ambiente que se respira es de odio, rencor y desconfianza. En lugar de gobernabilidad, se impone la sospecha; en lugar de proyectos, las listas negras. Veracruz entra a una nueva etapa donde no basta saber trabajar: ahora hay que demostrar de quién no eres amigo.

Los veracruzanos harían bien en estar atentos. Cuando la política se mueve por venganzas y no por capacidades, el costo siempre termina pagándolo la gente.

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