El país amanece este lunes con una postal conocida: carreteras tomadas, filas interminables y un recordatorio puntual de que, en México, la protesta social suele traducirse en parálisis colectiva. El llamado del Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) y la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) derivó en un megabloqueo con impacto en al menos 20 estados, incluido Veracruz.

La exigencia es de seguridad en carreteras, rescate del campo y reducción de costos operativos. La forma, en cambio, vuelve a poner en entredicho la eficacia de castigar al mismo ciudadano que depende de esas vías para trabajar, trasladarse o simplemente llegar a casa.

Desde las 7:00 horas, los bloqueos comenzaron a desplegarse en puntos estratégicos del país. Interrupciones de entre cuatro y diez horas en accesos a la Ciudad de México, autopistas clave y corredores industriales. La logística del caos es de cierres totales en algunos tramos y aperturas intermitentes en otros, como si la movilidad nacional dependiera de un semáforo improvisado.

Los focos rojos se reparten en cruces fronterizos de Tijuana y Mexicali, rutas del norte como la Mexicali–San Luis, casetas en Chihuahua, y arterias vitales como las autopistas México–Querétaro, México–Toluca o Guadalajara–Colima. Donde circula la economía, hoy circula la presión.

En Veracruz, el golpe se concentra en la zona de las Altas Montañas. Puntos como Rancho Trejo y Paso del Macho se suman al mapa de interrupciones, afectando una región donde la fragilidad económica no necesita más obstáculos.

El movimiento abarca entidades que van de Baja California a Tabasco, pasando por Jalisco, Michoacán, Nuevo León y el Estado de México. Una cobertura nacional que evidencia dos cosas: la magnitud del descontento… y la ausencia de soluciones estructurales.

Los convocantes denuncian abandono institucional y recurren a una estrategia que profundiza el desgaste social y económico. El mensaje se vuelve ruido cuando el método bloquea más que las propias carreteras.

México, otra vez, atrapado entre demandas legítimas y vías cerradas. Una constante donde la protesta avanza y el país se detiene.

Publicidad