Movimiento Ciudadano (MC) volvió a exhibir en Veracruz una de sus prácticas más cuestionadas: la confusión entre partido y patrimonio familiar. El intento de forzar la renuncia anticipada de una regidora electa en Xalapa para abrir paso a Consuelo Hernández no fue un desliz ni una ocurrencia aislada, sino una muestra clara de cómo se conciben los cargos públicos al interior del partido naranja.

El Congreso del Estado actuó como último dique institucional frente a una maniobra que buscaba adelantar, por la vía de los hechos, un relevo sin sustento legal alguno. La ley es clara: no se puede renunciar a un cargo que aún no inicia. Aun así, Movimiento Ciudadano decidió empujar el procedimiento, como si la norma fuera un trámite opcional y no un límite jurídico.

Más grave aún es el contexto. La suplente que se pretendía posicionar es la señora Consuelo Hernández, esposa del coordinador municipal de MC y excandidato a la alcaldía de Xalapa, Román Moreno, un histriónico “neopolítico” del partido. El dato no es menor. Alimenta la percepción de que MC reproduce las mismas prácticas que dice combatir, solo que envueltas en discursos huecos que creen son frescos y en una narrativa de nueva política que se desmorona en cuanto el poder entra en juego.

El episodio de la constancia de regiduría entregada el 18 de diciembre a la suplente, sin que existiera cargo legalmente vacante, revela una operación política y legal torpe, orientada a normalizar lo irregular y a presentar como consumado lo que la ley aún no permitía. Una chapuza que, de no haberse frenado, habría sentado un precedente peligroso para la vida institucional del municipio. Sin embargo, no sería extraño que consumaran la pretensión por la ambición desmedida de poder y protagonismo.

Movimiento Ciudadano insiste en venderse como alternativa, pero actúa como vieja política en envase nuevo. Presiones internas, uso patrimonial de las posiciones y una lectura utilitaria de la ley. No es una práctica ajena a su historia. Su fundador y líder moral, Dante Delgado, quien gusta de citar -y apropiarse- reflexiones ajenas que parafraseaba Ortega y Gasset, “las cosas no son, van siendo”, ha aplicado esa lógica no solo al discurso, sino también a la vida interna del partido. La política como herencia, el poder como asunto familiar, y la ley como algo que “va siendo” según la conveniencia del momento.

En Xalapa, Movimiento Ciudadano no perdió una regiduría; perdió la oportunidad de sostener su propio relato de cambio.

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