A casi tres semanas del derrame de hidrocarburo en costas de Veracruz, la información oficial navega entre la incertidumbre y la minimización. La gobernadora Rocío Nahle reconoció no tener claridad sobre el impacto ambiental, particularmente en especies como las tortugas marinas.

“No sé si sean siete o una”, respondió al ser cuestionada sobre ejemplares muertos, dejando en manos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) la precisión de los datos, mientras el hidrocarburo continúa su avance por el litoral veracruzano.

En paralelo a la espera institucional, reportes locales documentan la expansión de manchas de crudo en puntos como Nautla, Cazones de Herrera, Rancho Playa y Playa Chachalacas, esta última con alta afluencia turística. La narrativa oficial, sin embargo, reduce el fenómeno a la llegada de “gotas” que, asegura el gobierno estatal, ya están bajo control.

En materia de responsabilidades, la postura es igualmente difusa. La mandataria descartó la implicación de Petróleos Mexicanos (Pemex), al señalar que el crudo “viene del mar”, una explicación que, sin mayores elementos técnicos públicos, deja más preguntas que certezas sobre el origen del derrame.

Mientras tanto, la contención recae en operativos de la Secretaría de Marina y personal de la propia paraestatal, que han instalado barreras para frenar la dispersión del hidrocarburo. No obstante, en tierra firme, son pescadores y prestadores de servicios quienes enfrentan de manera directa los efectos, participando en labores de limpieza ante la amenaza a su actividad económica.

Aunque se reportan condiciones favorables en zonas como Boca del Río, el norte del estado mantiene focos de preocupación, particularmente en áreas como barra de Cazones y Nautla, donde los residuos continúan llegando.

Hasta el momento, los daños se extienden sobre 630 kilómetros del litoral del Golfo de México, desde Veracruz hasta Tabasco.

Hay muerte de tortugas, delfines y manatíes. Daño en manglares y zonas protegidas.

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