Frente al alud de críticas que azota a la administración veracruzana, el guión en el Palacio del Mármol de Xalapa no cambia: acusar violencia política de género, victimizarse ante un supuesto “nado sincronizado” y culpar al fantasma de una “derecha” internacional, estatal y regional. A través de sus operadores de pluma servil y sus chalanes “comentocratitas”, el mandato oficial es ningunear los reclamos y amortiguar el descontento. Sin embargo, la terca realidad ha triturado el relato oficialista, y desde el periodismo nacional la sentencia contra Rocío Nahle es con la contundencia de un mazo.
Fue el analista político Raymundo Riva Palacio quien le propinó un demoledor estocada a la narrativa gubernamental. Sin matices ni complacencias, el periodista expuso a la mandataria a través de su cuenta en X (antes Twitter), retratando el vertiginoso colapso de un mandato que prometía transformación y terminó desnudado por el poder.
“Pensábamos que no habría peor gobernador en Veracruz que Cuitláhuac García, pero Rocío Nahle ha callado la boca a todos: mentirosa, incompetente, y soberbia. Una déspota tropical que no terminará bien.”
El dardo de Riva Palacio expuso sin rodeos el engaño de la falsa austeridad y la incompetencia disfrazada de gestión, retratando el perfil de una gobernante rebasada por su propia prepotencia:
“Cuando nadie se imagina que iba a ver un peor gobernador en Veracruz que Cuitláhuac García, llegó Rocío Nahle. No ha entendido que el poder desnuda a quien lo ejerce. No fue la capacidad técnica ni el talento político que presumía desde su paso por la secretaria de energía lo que la distinguió cuando llegó a la gubernatura de Veracruz sino una mezcla de soberbia, improvisación y desconexión con la realidad. Desde que asumió la gubernatura intentó construir un relato épico de sí misma. La ingeniera austera, la mujer de convicciones, la continuadora del proyecto de Andrés Manuel López Obrador, pero la narrativa se fue desmoronando con la rapidez con la que caen los puentes mal construidos en su estado.
Su relación con políticos de oposición, empresarios y periodistas ha estado marcada por una confrontación pública, las acusaciones cruzadas y una disputa constante por la credibilidad. Altanera y prepotente, Rocío Nahle ha seguido la línea marcada por López Obrador “cuando critiquen tu gestión ataca, insulta, amenaza, nunca aceptes errores, no rectifiques, culpa al pasado, afirma que se trata de un ataque al movimiento”. Lo ha seguido al pie de la letra, sin darse cuenta, que como le está pasando a López Obrador, llega un momento en donde la palabrería y la propaganda ya no alcanza para tapar la incompetencia que ha exhibido la realidad y es entonces cuando viene el punto de retorno”, remató el periodista.
El diagnóstico no tiene desperdicio ni margen para el desmentido. La política del insulto, el ataque sistemático a la crítica y el deslinde constante han encontrado su límite.
En Veracruz, el barco oficialista se ahogar en su propia soberbia. Hoy, la propaganda y el discurso trillado ya no alcanzan para encubrir la estruendosa realidad de una gestión fallida, dejando a los veracruzanos a la deriva y soportando los desmanes de una déspota tropical.







