A poco más de un año de la elección intermedia que renovará la Cámara de Diputados y el Congreso local, la gobernadora Rocío Nahle continúa por debajo de la media nacional en el seguimiento mensual de Consulta Mitofsky. En enero dejó el último lugar del ranking, pero apenas ascendió al sitio 28 de 32, con una aprobación de 40.8 por ciento.
El contraste es contundente frente al 72.9 por ciento que alcanza la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que evidencia una brecha amplia entre la evaluación federal y la percepción del gobierno estatal.
En diciembre, Nahle ocupaba el lugar 32 con 37.8 por ciento. El aumento de tres puntos porcentuales le permitió abandonar el fondo de la tabla y convertirse en la mandataria con mayor crecimiento mensual. El segundo avance más significativo fue el de **Alfonso Durazo**, con apenas 1.3 puntos. Sin embargo, el repunte debe leerse con cautela: crecer desde el último sitio no implica, por sí mismo, revertir una tendencia de bajo desempeño.
Entre las 13 gobernadoras del país, Nahle se ubica en la posición 12; solo está por debajo Layda Sansores. Es decir, dejó el sótano general, pero permanece en la parte baja del bloque femenino.
La encuestadora aclaró que la aprobación corresponde al promedio de los 31 días de enero, no a un corte puntual. También destacó que los gobernadores acumulan tres meses consecutivos con promedio inferior a 50 por ciento y que, en todos los estados, la aprobación presidencial supera a la local. El caso más cerrado se registra en Guanajuato, donde la presidenta aventaja por dos décimas a la panista Libia Denise Garcia (55.0 frente a 54.8 por ciento).
El dato adquiere dimensión electoral. En 2027, la imagen de la gobernadora incidirá directamente en el desempeño de los candidatos locales y federales de su partido. La experiencia municipal reciente dejó una advertencia: pese a los programas sociales federales, Morena perdió la mayoría de los ayuntamientos en Veracruz.
Tres puntos de avance pueden servir para ajustar el discurso político, pero no modifican el escenario estructural. Con 40.8 por ciento de aprobación y el calendario electoral avanzando, el desafío no es celebrar el ascenso, sino revertir de fondo la percepción ciudadana antes de que la factura se cobre en las urnas.







