Frente al micrófono y al cobijo de preguntas a modo formuladas por sectores complacientes de la prensa en su habitual conferencia de prensa, este lunes la gobernadora Rocío Nahle García se victimizó para justificar la ola de cuestionamientos que pesan sobre su administración, su persona y su entorno familiar.
Sin autocrítica y con el tono tajante que la caracteriza, la mandataria estatal atribuyó las críticas de medios de comunicación y periodistas independientes a un complot orquestado por una “derecha internacional” alineada con el machismo sistémico.
Durante su alocución, Nahle sostuvo que la fiscalización a su gestión responde a un patrón ideológico global. Señaló que existe una estrategia internacional instalada en el país enfocada en calumniar y desacreditar a los gobiernos encabezados por mujeres, tomando como referencia a la Presidencia de la República y extensible a su propio mandato en Veracruz.
“Hay una estrategia política internacional de la derecha… contratan a sicarios de la información para crear un tema, sueltan una nota, la mueven al extranjero y la regresan para validarla, es difamación sin pruebas”, sentenció la titular del Ejecutivo estatal.
Argumentó que el sector masculino no logra dimensionar la magnitud de estas agresiones, asegurando que la oposición contrata a “sicarios de la información” para armar campañas de difamación mediante la triangulación de contenidos en el extranjero para validar versiones sin pruebas.
En un arrebato de franqueza, la gobernadora admitió prescindir de asesores políticos: “Yo tengo que tomar la determinación, tomar decisiones […] las mujeres también lo podemos lograr”. Pero acto seguido, el tono abnegado de la “madre, abuela y compañera” dio paso a la advertencia legal y el amago punitivo e insistió en que el trasfondo de la animadversión radica en su condición de mujer en la política.
Advirtió que contempla proceder por la vía legal ante lo que considera agresiones que rebasan los límites permisibles, aludiendo de manera implícita al empresario Arturo Castagne, a quien tildó de prófugo y sujeto a un mandato de pago millonario.
Para la mandataria veracruzana, el escrutinio público no es ejercicio democrático ni rendición de cuentas; es “machismo” y “sicariato de la información”.
Cuidar la investidura es responder con hechos
Afirmar que “las mujeres somos muy fuertes, casi más que ellos” resulta un recurso insuficiente para la gravedad del momento que atraviesa Veracruz. Decir que “no se es monedita de oro” no exime a una gobernante de dar explicaciones claras a la sociedad.
La investidura y el ejercicio del poder en Veracruz demanda algo más que adjetivar la crítica o endosarla a conspiraciones internacionales: exige rigor, rendición de cuentas y una respuesta puntual a los cuestionamientos de la sociedad.







