Los anunciados ajustes en la dirigencia estatal del PRI en Veracruz parecen responder más a una estrategia de simulación que a una verdadera intención de renovación. El relevo de Rodolfo “Fofo” Ramírez Arana no representa un cambio de fondo, sino otra maniobra del mismo grupo que por años ha mantenido secuestrado al partido y lo ha llevado a una pérdida constante de credibilidad y presencia electoral.

En este contexto, el nombre de Ponciano Vázquez, actual alcalde de Cosoleacaque, se perfila como una de las pocas cartas con peso real, trabajo territorial comprobado y liderazgo vigente. Sin embargo, su eventual llegada incomoda a quienes se niegan a soltar los últimos reductos de poder interno, aun cuando esos intereses han demostrado ser incapaces de reconstruir al priismo veracruzano.

Más que un enroque de nombres, el PRI requiere un viraje auténtico, con perfiles que conozcan el territorio, mantengan cercanía con la militancia y tengan resultados que respalden su trayectoria. Ponciano Vázquez encarna esa posibilidad, pero su avance tropieza con las resistencias de una cúpula que prefiere prolongar la agonía del partido antes que permitir un relevo que no controlan.

En el pecado podría llevar, otra vez, la penitencia.

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