- La gobernadora opta por el show popular mientras la inseguridad, la crisis financiera y el colapso institucional siguen sin respuesta
En Veracruz, el Año Nuevo 2026 llegó entre comparsas, juegos pirotécnicos y una gobernadora bailando al pie de los carros alegóricos. Rocío Nahle decidió recibir el año “como una ciudadana más” durante el segundo desfile sobre el bulevar Manuel Ávila Camacho, en una puesta en escena cuidadosamente diseñada para aparentar cercanía, empatía y conexión con el pueblo.
Sin podio, sin templete y con pasos de baile incluidos, la mandataria buscó enviar el mensaje de que gobierna desde la calle y para la gente. Sin embargo, el espectáculo no logró ocultar lo evidente: este tipo de eventos funcionan más como distractores que como soluciones, más como propaganda que como política pública.
El desfile arrancó alrededor de la 01:30 horas ante miles de familias que, por unas horas, cambiaron la preocupación cotidiana por el entretenimiento gratuito. En ese contexto, Nahle apareció en la esquina de Ruiz Cortines, sonriente y festiva, mientras Veracruz sigue enfrentando una realidad marcada por la violencia, la precariedad económica, hospitales sin insumos, carreteras deterioradas y municipios enteros abandonados a su suerte.
Tras el evento, y con el estruendo de la pirotecnia como fondo, la gobernadora ofreció un mensaje en el que deseó prosperidad, salud, paz y amor a los veracruzanos, una lista de buenos deseos que contrasta con un estado donde miles de familias no tienen garantizada ni la seguridad ni el acceso a servicios básicos.
Nahle reiteró además su promesa de “poner a Veracruz de moda”, asegurando que el desfile y la alta participación ciudadana son prueba de que ese compromiso se está cumpliendo. El problema es que, mientras el gobierno presume fiestas y asistencia, Veracruz sigue “de moda” en estadísticas de violencia, pobreza, desapariciones y rezago social.
La cercanía fabricada, el baile ensayado y el discurso optimista no resuelven la crisis estructural que arrastra el estado. Los eventos multitudinarios pueden entretener, pero no sustituyen estrategias contra el crimen, políticas de desarrollo económico ni soluciones para un sistema de salud y educación en deterioro.
Así, Veracruz inicia el 2026 con una gobernadora que baila para las cámaras mientras los problemas reales siguen esperando. Porque una cosa es convivir con el pueblo una noche y otra muy distinta gobernar para él los 365 días del año.







