Si algo ha dejado claro la administración de la gobernadora Rocío Nahle es su incomodidad ante el escrutinio. Cuestionamientos, auditorías y cualquier intento de revisión están prohibidas. No es casualidad que, en ese contexto, incluso los subcomités de adquisiciones hayan desaparecido del mapa administrativo.
La opacidad no es un señalamiento aislado. Ahí están las llamadas “camionetitas de la salud”, utilizadas para la distribución de medicamentos en Veracruz, cuyo origen y proceso de adquisición siguen sin aclararse. A pesar de que al menos 30 unidades operan desde diciembre de 2024, no existen expedientes públicos ni registros verificables sobre su compra en dependencias como la Secretaría de Salud o la Secretaría de Finanzas.
El caso, documentado por la periodista Isabel Ortega, de la Silla Rota, exhibe un patrón: recursos públicos en movimiento, pero sin rastro administrativo claro. Transparencia en discurso, opacidad en ejecución.
La pintura sucia en Sefiplan
Pero no es el único episodio. Desde la propia Secretaría de Finanzas -que presume orden y control- emergen señales que apuntan a prácticas poco consistentes con la narrativa oficial. Contratos, licitaciones y adjudicaciones directas comienzan a perfilar beneficiarios con vínculos políticos que, en teoría, deberían estar fuera del radar del actual gobierno.
Uno de los casos que se anticipa involucra el mantenimiento y suministro de pintura para oficinas de SEFIPLAN, que sería asignado al distribuidor de Comex en Veracruz, Rodrigo Campos Reyeros. Más allá del contrato en sí, lo que despierta suspicacias es el perfil del beneficiario; un personaje relacionado con actores importantes del PRI y PAN, partidos que desde el discurso oficial suelen ser blanco de críticas.
Como referencia, existen antecedentes públicos que vinculan activos de este empresario —como una aeronave King Air 90— con actividades políticas en procesos pasados. Información verificable, aunque incómoda para una administración que ha hecho de la “transformación” su bandera.
El patrón es difícil de ignorar. Procesos oscuros, beneficiarios recurrentes y decisiones que parecen tomarse más por conveniencia que por normatividad. No se trata de casos aislados, sino de una dinámica que revive prácticas que se suponían superadas.
Lo verdaderamente cuestionable no es la existencia de negocios al amparo del poder -una constante histórica-, sino la contradicción entre el discurso de cambio y la repetición de viejas fórmulas. En SEFIPLAN no solo se administran recursos, también se reciclan inercias.
En Veracruz, la diferencia no está en las prácticas, sino en el nivel de descaro con el que se ejecutan. ¡Que bonita familia!







