En la liturgia política de la llamada Cuarta Transformación, las giras presidenciales no son recorridos, son escaparates. La presidenta Claudia Sheinbaum se pasea por el país soltando anuncios de inversión en infraestructura, carreteras y transporte como si fueran confeti institucional. Cada entidad recibe su dosis de promesas, cifras y renderizaciones futuristas.
¿Todas? No. Veracruz parece haberse quedado fuera del itinerario de las buenas noticias.
En territorio gobernado por Rocío Nahle, lo más cercano a un anuncio presidencial ha sido la promesa -ya reciclada- de atender los daños provocados por las lluvias de octubre de 2025. Es decir, administración de desgracias, no proyectos de desarrollo. Puro control de daños, cero futuro.
Y esa omisión no pasa desapercibida en la “comentocracia” jarocha. En política, lo que no se dice pesa más que cualquier discurso. Y aquí el silencio huele a distancia. Porque si algo se percibe entre Palacio Nacional y Palacio de Gobierno en Veracruz, no es precisamente coordinación.
Dicen los enterados que la relación entre Sheinbaum y Nahle atraviesa su propio bache, que no hay química política, o peor aún, que desde Veracruz no se ha sabido -o querido- respetar la investidura presidencial. En cualquier escenario, el resultado es el mismo, marginación presupuestal envuelta en protocolo.
Y es que, aunque ambas militan en Morena, la diferencia de perfiles es inocultable. Sheinbaum carga con un bagaje académico y técnico que le permite moverse con solvencia en el tablero nacional. Nahle, en cambio, arrastra cuestionamientos que van más allá de lo administrativo y se meten de lleno en el terreno de lo incómodo.
Ahí es donde aparece el elefante en la sala. La Refinería Olmeca Dos Bocas. Un proyecto que prometía soberanía energética y terminó convertido en sinónimo de sobrecostos, opacidad, incendios y sospechas que cruzaron fronteras. Un expediente tan grueso que no cabe en ningún archivo muerto, y que, según versiones persistentes, mantiene a más de uno con los nervios de punta en el círculo presidencial.
Porque Dos Bocas no sólo es concreto y acero; es también una caja negra donde muchos temen que, si se abre, salgan nombres, negocios y relaciones incómodas. Desde contratistas hasta posibles beneficios para allegados del poder político del sexenio anterior.
En ese contexto, la figura de Andrés Manuel López Obrador tampoco queda fuera de la ecuación. Hay quienes aseguran -sin pruebas públicas concluyentes, pero con insistencia de pasillo- que la candidatura que hoy ostenta Nahle no fue precisamente un regalo desinteresado, sino parte de un equilibrio de silencios alrededor de Dos Bocas.
¿Teoría política o fuego real? Difícil saberlo. Pero en Veracruz los hechos son más simples; mientras en otros estados se anuncian carreteras y miles de millones en inversión, aquí apenas alcanza para promesas de reconstrucción.
Así que no, no es casualidad. Es política pura. Cuando no hay confianza, no hay anuncios. Y cuando no hay anuncios, lo que queda es el silencio, ese que, en Veracruz, empieza a hacer más ruido que cualquier mañanera.







