Javier Roldán

Por decirlo de alguna forma, lo único que tiene de nuevo, es el complejo de Peter

En términos coloquiales, cuando señalan que no nos fosforéan las meninges, equivale a lo mismo que: ya se te ‘quemaron los fusibles’ o, no te sube agua ‘al tinaco’. Veamos.

Dante, un hombre que rebasa los 70 años, se ha convertido, según él, en el máximo exégeta del pensamiento de los centennials y millennials, así que, con bola de cristal en ristre, el senador es el demiurgo del mercadeo electoral, de nueva cuenta, según él.

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Así pues, calzando tenis color naranja, el susodicho está al frente de una troupe de mirreyes y reinitas que, por tercera vez, según él, son el prototipo de lo nuevo: en el caso de las mujeres, elevar a rango constitucional el derecho a contar con ropa de marca y maquillajes y, en lo que corresponde a los varones, ser una versión fifí de machines barrio abajeros.

Cabe señalar que, este mundo bizarro, no es resultado del consumo de drogas psicodélicas, ojalá fuera eso, sino, de la decadencia de un personaje motivado por su desmedida ambición, no tolera la frustración de concluir su ciclo sin llegar y/o controlar, la presidencia de la República.

Tal trastorno de ansiedad, provoca que el ejercicio de la política que, en cualquier sentido, debe ser un arte, sea reducido a una estrategia bobalicona en la que todo se sujeta a la fosforescencia y las frases sinsentido.

Hay dos sopas: si Dante cree en su propuesta está gagá, si no cree, pero, considera que le da votos, es un hombre que consigue las cosas a cualquier precio. Saquen conclusiones.

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