Javier Roldán Dávila

Hacerla de ‘pedo’ es un gas de efecto plañidero 

Se ha convertido en un lugar común, que los gobernantes, aún después de tres años, justifiquen su falta de resultados, atribuyendo la responsabilidad al pasado. 

Nos dejaron las finanzas quebradas, los cárteles del crimen organizado arribaron en los sexenios anteriores, no hay medicamentos debido a que los que se fueron ya no tienen privilegios y, en consecuencia, nos boicotean. 

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No es necesario citar más ejemplos, el asunto es que, con este tipo de pretextos, la ciudadanía queda inerme ante una atroz realidad: otra administración perdida. 

El fondo del modito, radica en que el ejercicio del poder se blinda con un manto de impunidad, porque ante la incompetencia, continúan intocables en su privilegiada posición. 

Cuando a un empleado de la burocracia le encargan una chamba le ponen plazo y si no cumple, no puede aducir: las computadoras y el internet son lentos. Igual en la empresa privada: hay que producir con los aperos disponibles, de lo contrario, sólo hay de dos sopas: ser cesado o renunciar. 

En este contexto, ediles, gobernadores y presidente de la República, saben las condiciones en que, de ganar, asumirán el poder ¿entonces? 

Es lógico que, en un inicio, se haga público un diagnóstico de cómo se recibió la administración y, además, si hay delitos que perseguir, corresponde denunciarlos, pero prolongar en el tiempo la estrategia de culpar a los que se fueron, es simulación total. 

A diferencia del elector de a pie, el poderoso puede fallar en sus quehaceres y no le pasará nada, aunque sus errores cuesten dinero y vidas, pero no choque el chofer la camionetota o a la secre se le pase un acento, porque serán castigados por ineptos. 

Este es el México real.

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