Rafael Arias Hernández*

No se puede entender, ni atender bien lo que no se sabe.

Perjudicial  y contraproducente pretender transformar lo que se ignora. Más grave, adoptar y adaptar una interpretación distorsionada de la realidad, incluso hasta imponerla, para favorecerse y obtener beneficios personales o de grupo, a costa del daño y sacrificio de muchos.

Tarde o temprano, en los hechos, la realidad se manifiesta  e impone. Más, cuando se hacen sentir los graves efectos de una pandemia, todavía en muchos aspectos desconocida  y fuera de control; y además,  de ámbitos de gobierno de limitada e insuficiente capacidad de respuesta.

Por estas y más razones, el cambio está presente y se manifiesta en muchos aspectos de la vida cotidiana. 

Es de resaltar e insistir, que en su mayor parte no son cambios favorables que, cuando menos: se manifiestan como retos más difíciles de superar;  problemas  más complejos de resolver, que no se conocían, ni conocen; y en muchos casos, característicos de cuantiosos daños y costos individuales y sociales, algunos de ellos irreparables.

Ante la inocultable evidencia, de una nueva realidad,  cómo es posible,  asegurar que,  “vamos  bien y viene lo mejor”; así como  pretender minimizar o negar, daños y consecuencias, de las crisis que nos afectan; o incluso, sostener decisiones y acciones improcedentes y hasta contraproducentes.   

Crónica de una agonía que se alarga, repetidamente anunciada, y largamente padecida. Los números no mienten,  las palabras tampoco. Mienten quienes los usan, los que bajo diferente perspectiva, interés o conveniencia cambian la realidad y la pretenden acomodar o hacer a su antojo. 

En muchos casos, está probado que el mensaje efectivo, tanto gubernamental como de oposición, que cubra, apoye y fortalezca la opinión y capacidad pública, debe responder a la realidad concreta que pretende afectar; y, al mismo tiempo, estar suficientemente, estructurado y sustentado,  en la ciencia o la experiencia correspondientes. Los resultados habrán de mostrar aciertos y errores.

Además, en forma amplia e inmediata, deben difundirse, tanto sus efectos y alcances, como las  condiciones  y situación específicas que implique. Comunicación social interactiva y efectiva.

Así, en un contexto definido,  medios y objetivos, aparecen en forma sencilla y clara, para que  la gente  recuerde, use y  reproduzca tanto información disponible, como diagnósticos, estudios y propuestas al respecto. Transmisión e interpretación, medio y fin de comunicación e integración.

Puede incluso caracterizarse por lo poco o mucho que significa o dice; por  lo que intenta descubrir o simplificar, profundizar o aclarar, etc.

Tiene razón, Pelayo de las Heras, al preguntar si somos, “¿fieles a la realidad, o a nosotros mismos? ¿Vemos todo lo que hay o solo lo que queremos ver?… ¿Vemos la realidad como queremos, o como realmente es? “(ETHIC.020621).

Importante, a este respecto,  detenernos y tener claro a que nos referimos con “nuestra realidad”, misma que está condicionada, en principio, por las dimensiones consideradas de espacio y tiempo. 

Sin duda hay que tener cuidado, porque con frecuencia, es posible atenerse o depender de una percepción o interpretación deformada y  limitada, impuesta o ventajosamente seleccionada y manipulada. 

De ahí que hay que construir la mejor y más certera interpretación de la realidad, estableciendo con objetividad y claridad,  sus limitaciones y alcances; y reconociendo,  que es posible encontrar (y hasta considerar),  otras interpretaciones y descripciones, complementarias o diferentes, de acuerdo a su consistencia y perspectiva.

La relevancia de estos y otros puntos de vista o planteamientos, deben ser valorados al intentar interpretar y estudiar una realidad.

Imprescindible considerar, al mismo tiempo, situación e intención. Sobre todo, porque para empezar, el esfuerzo conjunto de  las ciencias sociales, implica incorporar múltiples disciplinas, o campos del conocimiento, empezando por el imprescindible de la Economía.

Bien se sabe que los alcances e influencias de todo análisis o estudio económico, deben precisarse en el espacio y tiempo al que se refiere; y, para fortalecer su efectividad, se deben integrar consideraciones y aportaciones de otras ciencias y disciplinas, de diversos campos del conocimiento que permitan conocer más y mejor la realidad.

En todo caso, se trata de entender y atender. Intenciones y decisiones individuales y colectivas, empresariales y gubernamentales.

La Economía contribuye de muchas formas, cuando se consideran y conocen fortalezas y debilidades, objetivos y alcances de intenciones y decisiones humanas.

Oportunidad, para mencionar que a este respecto, los economistas tenemos pendiente avanzar y aprovechar las aportaciones de otros especialistas. Como las del psicólogo, Daniel Kahneman, quien junto con Amos Tversky, recibieran el premio Nobel de economía en 2002. 

Aportaciones vinculadas a la Teoría de las perspectivas, el juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre, la economía del comportamiento y otros temas, que nos hacen saber, lo importante que es dialogar y analizar, para decidir oportuna y correctamente. Bien y a tiempo. 

-Academico.IIESESUV @RafaelAriasH,Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasH

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