Agustín Basilio de la Vega

La vida humana es lo más preciado y maravilloso. Al ver con atención el esmero y los cuidados de una madre hacia sus hijos, uno se llena de ternura y agradecimiento.

Las mejores y más humanas sociedades han comprendido que el respeto hacia el “otro” en todo momento y circunstancia, así como en la solidaridad hacia el más débil, es la mejor forma de convivir; en cambio, las sociedades indiferentes y egoístas se han convertido más bien en “manada” donde impera la ley del más fuerte.

La diferencia esencial entre la primera y la segunda estriba en la decisión de “cargar” o “deshacerse” de los “indeseables”. En otras palabras, lo que está en juego es el espíritu de colaboración que es fundamental en toda familia o comunidad.

Una sociedad solidaria y humana es capaz, generosamente, de atender y resolver las amenazas y problemas de todos, buscando el bien común, sin dejar fuera a nadie; por el contrario, una sociedad individualista y egoísta, propone el dilema de él o yo, con base en el derecho positivo: Dura lex sed Lex.

Lo anterior explica el debate sobre los productos de la fecundación humana que algunos consideran meramente un grupo de células. Son dos posturas muy claras, para los primeros es vida humana, para los segundos no. Por lo tantopara unos debe protegerse, para otros no. En ambos caso se trata de dos actitudes contrastantes: solidaridad vs egoísmo.

En la medida que avance en la sociedad la idea de que mi vida es la única que importa y que puedo deshacerme legalmente de quien no es útil y más bien representa una carga social, la humanidad se irá destruyendo a sí misma.

El número de células de un humano y su disposición biológica no hace que alguien tenga más o menos dignidad, lo mismo vale una persona lisiada que un atleta olímpico. Lo que hace más digna a la sociedad es su capacidad de ver por el bien de todos y defender la vida para evitar los Holocaustos y que se imponga el criterio de eliminar a todo aquel niño, anciano o enfermo al que simplemente no se quiere cuidar. La tentación de caer en la teoría del “Super Hombre” sigue presente en este siglo XXI. 

Twitter: @basiliodelavega

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