La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, no tomó por sorpresa a la estructura del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El liderazgo del que fuera considerado el jefe del grupo criminal más poderoso de América Latina había previsto, desde años atrás, un mecanismo de continuidad para impedir que el emporio ilícito se fracturara tras su ausencia.

Una investigación publicada por el diario Milenio detalla que desde 2019, tras ser diagnosticado con insuficiencia renal, Oseguera Cervantes comenzó a delinear una estrategia sucesoria ante la posibilidad de una muerte natural. En ese momento, el heredero era su hijo, Rubén Oseguera González, conocido como El Menchito.

El plan original se desplomó en febrero de 2020, cuando El Menchito fue extraditado a Estados Unidos y posteriormente sentenciado a cadena perpetua por cargos vinculados al narcotráfico. Sin el sucesor directo en libertad, la estructura del CJNG enfrentaba un vacío potencial de mando.

Sin embargo, la muerte de El Mencho no ocurrió por causas médicas. Fue consecuencia de un operativo militar realizado el 22 de febrero pasado. Durante su intento de escape resultó herido y falleció horas después. Aun así, las versiones periodísticas sostienen que el capo alcanzó a activar un modelo de operación que hoy mantiene intacta la funcionalidad del cártel.

Un modelo descentralizado

La clave fue la descentralización. A diferencia de organizaciones como el Cártel de Sinaloa o el Cártel del Golfo, tradicionalmente caracterizadas por un control vertical rígido sobre sus operadores regionales, el CJNG evolucionó hacia un esquema corporativo.

Cada jefe de plaza adquirió autonomía operativa: manejo independiente de rutas, producción, distribución y actividades colaterales. A cambio, debía transferir un porcentaje fijo de ganancias a la “matriz”. El liderazgo central dejó de ser un mando operativo cotidiano para convertirse en una instancia de coordinación y recaudación.

Este rediseño redujo el riesgo sistémico. La caída del líder no implica la parálisis de la organización. Los llamados “gerentes” ya actuaban sin requerir autorización directa para sus decisiones tácticas; su obligación era financiera, no jerárquica.

Continuidad del negocio ilícito

Bajo este esquema, actividades como el lavado de dinero, la producción y tráfico de drogas, la extorsión y otros delitos asociados difícilmente se detendrán en el corto plazo. La organización funciona como una red interconectada más que como una pirámide. La sustitución del vértice no altera el engranaje.

No obstante, la autonomía regional abre otro frente: la disputa por el liderazgo simbólico y estratégico. Aunque ningún operador tiene incentivos para exhibirse como nuevo jefe -o que implicaría colocarse de inmediato en la mira del Ejército mexicano y de agencias estadounidenses-, el vacío de poder puede detonar tensiones internas.

La herencia de El Mencho no es únicamente territorial ni financiera. Es estructural. Blindó al CJNG frente al golpe que históricamente desarticulaba a los grandes cárteles: la caída del capo. El desafío ahora no es sobrevivir, sino administrar una red criminal diseñada para operar sin rostro visible.

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