La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, exhibe la arquitectura de protección que durante más de una década le permitió esquivar a las autoridades de México y Estados Unidos. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no solo construyó un emporio criminal; levantó un sistema de defensa escalonado que operó con precisión territorial, capacidad de fuego y presuntas complicidades políticas.

Con un perfil hermético, sin presencia pública ni vida social visible, Oseguera Cervantes redujo al mínimo su exposición. La discreción fue su primera muralla; comunicaciones restringidas, movilidad fragmentada y ausencia de rutinas previsibles.

De acuerdo con reportes de inteligencia, el dispositivo de seguridad se estructuraba en tres anillos. El primero, táctico e inmediato, descansaba en una red de halcones y vigilantes distribuidos en puntos estratégicos. Su función era monitorear retenes, convoyes militares y despliegues federales para activar rutas de escape con antelación.

El segundo anillo lo integraba un grupo de sicarios de alto perfil, con entrenamiento especializado y armamento de grueso calibre. No eran simples escoltas. Operaban como fuerza de reacción para contener incursiones y disuadir intentos de captura. Ese blindaje armado frustró operativos previos y consolidó la percepción de intocabilidad.

El tercer círculo, el más opaco, se movía en el terreno institucional. El académico Carlos Flores, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), ha señalado la posible existencia de redes de protección con funcionarios locales y actores políticos de alto nivel. Esa cobertura habría sido determinante para la expansión territorial y logística del CJNG.

Paradójicamente, fue hasta 2013 cuando la Policía de Jalisco abrió las primeras investigaciones formales en su contra, vinculadas al homicidio de un cocinero que trabajó en una celebración privada y al asesinato de pescadores. Para entonces, la estructura criminal ya había ganado músculo financiero y control regional.

El operativo final se ejecutó ayer domingo 22 de febrero. Fuerzas federales mexicanas enfrentaron al capo, quien murió en el intercambio de fuego. La caída del dirigente del grupo criminal más poderoso del país no cerró el capítulo; lo incendió. En varias entidades se registraron más de 220 bloqueos carreteros, quema de vehículos, ataques a comercios y decenas de incendios provocados por células delictivas en reacción a la ofensiva.

Desde Washington, la secretaria de prensa Karoline Leavitt informó que la administración del presidente Donald Trump agradeció al Ejército mexicano y confirmó apoyo de inteligencia estadounidense en la operación.

La muerte de “El Mencho” descabeza al CJNG, pero no desmantela de inmediato su entramado financiero, armado y político. El desafío ahora es evitar que el vacío de poder derive en una recomposición aún más violenta del mapa criminal.

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