En medio de un brote de sarampión que ya acumula miles de contagios y decenas de fallecimientos, el gobierno federal optó por restar relevancia al uso del cubrebocas y concentrar su estrategia en la vacunación, al tiempo que atribuyó el origen del repunte a casos importados desde Estados Unidos.
Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que, aunque el cubrebocas puede ser útil, la medida central para contener la enfermedad es contar con el esquema completo de vacunación. Señaló que quienes ya tienen aplicadas las dos dosis están protegidos y, en caso de contagio, cursarían la enfermedad de manera leve.
En la misma línea, el secretario de Salud, David Kershenobich, reconoció que el cubrebocas ayuda a reducir contagios en enfermedades respiratorias, pero subrayó que no existe una recomendación generalizada para su uso ante el actual brote. Precisó que puede emplearse de forma voluntaria, particularmente por personas con síntomas o en entornos familiares.
La presidenta también afirmó que el brote se originó principalmente en Estados Unidos y se propagó hacia entidades fronterizas. Además, aseguró que el país cuenta con disponibilidad suficiente de biológicos: 28 millones de dosis, cifra que —dijo— no solo cubre la demanda, sino que incluso resultará excedente.
Sin embargo, los datos oficiales muestran la dimensión del problema. De acuerdo con la Dirección General de Epidemiología, al 9 de febrero México registra 8 mil 899 casos confirmados de sarampión en el periodo 2025-2026 y 28 defunciones distribuidas en siete estados.
El énfasis exclusivo en la vacunación, acompañado de la ausencia de una recomendación más firme sobre medidas preventivas adicionales, abre un debate inevitable sobre la estrategia sanitaria frente a uno de los brotes más significativos de los últimos años.







