La Iglesia católica advirtió sobre el crecimiento del grooming —acoso sexual digital contra menores— y llamó a madres y padres de familia a fortalecer el acompañamiento en el uso de plataformas y videojuegos en línea.
En su editorial, la revista Desde la Fe, órgano de la Arquidiócesis Primada de México, reflexiona sobre la transformación del riesgo al que están expuestos niñas, niños y adolescentes en entornos digitales.
El texto subraya que, a diferencia de años anteriores —cuando el peligro se asociaba a espacios físicos y personas desconocidas en la vía pública—, hoy el agresor puede operar desde plataformas con acceso a internet, mediante perfiles falsos y con dinámicas de acercamiento progresivo.
El grooming es un delito que consiste en que un adulto suplante la identidad de un menor para ganar la confianza de niñas, niños o adolescentes con fines sexuales. A diferencia de otros tipos de violencia, no inicia con amenazas, sino con escucha y validación emocional. El agresor establece contacto, detecta vulnerabilidades, construye una relación de confianza y posteriormente traslada la conversación a espacios privados donde introduce insinuaciones y ejerce presión o manipulación.
La publicación advierte que videojuegos en línea y redes sociales se han convertido en espacios centrales de socialización juvenil. Plataformas como Roblox y Minecraft concentran millones de usuarios activos diarios a nivel global. En estos entornos digitales —equiparables a plazas públicas virtuales— se comparten conversaciones, experiencias e identidad, lo que también abre la puerta a la infiltración de adultos con perfiles simulados.
El análisis incorpora elementos científicos para explicar la vulnerabilidad adolescente. Señala que el córtex prefrontal —relacionado con el juicio y el control de impulsos— concluye su maduración alrededor de los 25 años, mientras que el sistema de recompensa presenta alta sensibilidad a estímulos de aprobación y reconocimiento. En plataformas diseñadas con recompensas variables, rachas y retroalimentación constante, la conexión emocional puede imponerse sobre la evaluación del riesgo. La privación de sueño por uso nocturno de pantallas, agrega, disminuye aún más la capacidad crítica.
La revista precisa que su objetivo no es estigmatizar la tecnología o los videojuegos, sino visibilizar una problemática transversal que no distingue tipo de familia ni nivel socioeconómico. El grooming, advierte, ocurre cuando existe acceso a dispositivos sin supervisión y carencias de comunicación familiar, donde la vergüenza o el temor al castigo prolongan el silencio de las víctimas.
Entre las recomendaciones planteadas destacan: establecer límites claros de tiempo frente a pantallas, evitar el juego nocturno, utilizar dispositivos en espacios comunes del hogar, conocer las plataformas que utilizan los menores, dialogar abiertamente sobre identidades falsas y prohibir encuentros presenciales con personas conocidas únicamente en línea.
La Iglesia concluye que la premisa “está en casa, está seguro” resulta insuficiente en el entorno digital actual, donde el riesgo ya no se limita al espacio físico y la prevención depende del acompañamiento constante y la comunicación efectiva en el ámbito familiar.







