Ante el aumento de tensiones y conflictos a nivel internacional, el editorial Desde la fe hizo un llamado a la prudencia en el uso del lenguaje público, al advertir que las palabras y opiniones emitidas sin responsabilidad pueden tener consecuencias directas en la vida de los pueblos, particularmente en comunidades afectadas por la pobreza, la violencia y la incertidumbre.
El texto señala que expresiones pronunciadas sin mesura, tanto en el ámbito político como en los medios de comunicación y las redes sociales, pueden generar miedo, profundizar divisiones sociales y agravar el sufrimiento de sectores vulnerables. En ese sentido, subraya la necesidad de evitar reacciones impulsivas, irónicas o agresivas dentro del debate público.
En este contexto, la Iglesia católica en México retomó el Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz del Papa León XIV, en el que se advierte que la justicia y la dignidad humana se encuentran cada vez más expuestas a los desequilibrios de poder entre los actores más fuertes del escenario internacional.
El mensaje del pontífice plantea la urgencia de promover una paz “desarmada y desarmante”, la cual —señala— no surge de la imposición, la humillación del adversario ni del uso del lenguaje como instrumento de confrontación, sino del reconocimiento de la dignidad de cada persona y de la responsabilidad ética que conllevan las acciones y opiniones públicas.
Desde esta visión, el editorial invita a reflexionar si los discursos que se difunden en el espacio público contribuyen a la verdad, la justicia y la paz, o si, por el contrario, alimentan la confrontación y el resentimiento. Asimismo, advierte sobre los riesgos de instrumentalizar el lenguaje en el combate político, exaltar nacionalismos o justificar la violencia y los conflictos armados desde posturas religiosas.
También se destaca que la información veraz constituye un deber moral, especialmente en contextos complejos, donde la desinformación, los rumores y las narrativas parciales pueden convertirse en formas de violencia simbólica. Por ello, se exhorta a acudir a fuentes confiables, distinguir entre hechos y opiniones y evitar la difusión de contenidos que distorsionen la realidad.
El pronunciamiento concluye que la construcción de la paz no depende únicamente de decisiones políticas o diplomáticas, sino también del uso responsable de la palabra, capaz de orientar, sanar y abrir caminos de esperanza en un mundo marcado por múltiples conflictos.







