Steve Fisher y Kirk Semple/The New York Times

Al igual que muchas empresas, el Cártel de Sinaloa sufrió un revés cuando el coronavirus se propagó por el mundo y los viajes se detuvieron casi por completo.

Las medidas gubernamentales para contener el virus interrumpieron el suministro de productos químicos para la fabricación de drogas sintéticas, como el fentanilo y la metanfetamina, y cancelaron las rutas de tráfico a través de las fronteras.

Pero el cártel no es cualquier empresa. Se consolidó como una de las bandas de narcotráfico más poderosas del mundo con una mezcla característica de perspicacia comercial, ingenio e ilegalidad. El cártel se ha adaptado con rapidez, al igual que otras organizaciones que dominan el narcotráfico en el Continente Americano, origen de casi toda la cocaína del mundo y la mayoría de la heroína que se consume en EU.

“Desde hace tiempo, los cárteles han demostrado su resiliencia”, dijo Scott Brown, jefe de la oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional en Arizona. “Van a seguir encontrando nuevas e innovadoras formas de mover su producto”.

Las organizaciones de narcotráfico han recortado nóminas e ideado soluciones para traficar sustancias, muestran entrevistas con fuentes cercanas al Cártel de Sinaloa, funcionarios de las fuerzas del orden de EU y América Latina y analistas de seguridad. Algunas bandas han confiado cada vez más en herramientas nuevas como drones y criptomonedas y en usos creativos de estrategias del pasado, como túneles subterráneos y rutas marítimas.

Funcionarios estadounidenses también han notado un aumento en el reclutamiento de estadounidenses de bajos recursos o adictos a las drogas para contrabandear narcóticos en sus cavidades corporales.

Los cambios, dijeron las fuentes, han permitido que el Cártel de Sinaloa y otros grandes grupos del narcotráfico se recuperen con rapidez, aun cuando la pandemia sigue devastando economías.

La agilidad de la delincuencia organizada ha obligado a las autoridades de toda la región a ajustar sus tácticas, incluso cuando algunas agencias de impartición de justicia se han visto desbordadas por las tareas relacionadas con la pandemia.

“Es fluido”, dijo Matthew Donahue, subdirector de operaciones de la Agencia Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés). “No se puede tener una respuesta y vivir conforme a eso. Podría cambiar mañana”.

Cuando la primera ola de la pandemia avanzaba de continente a continente a finales del invierno pasado y principios de la primavera, las medidas gubernamentales para responder a la emergencia causaron trastornos en todo el comercio de drogas. En el Continente Americano, los confinamientos afectaron a los traficantes de drogas, y en algunos lugares detuvieron las operaciones casi por completo.

Ante las restricciones de viaje, agentes de organizaciones mexicanas del narcotráfico tuvieron problemas para llegar a Centroamérica a fin de coordinar los envíos marítimos. A medida que las operaciones se desaceleraban, algunos grupos criminales se veían obligados a almacenar su producto en Latinoamérica, dijo Donahue.

La desaceleración se sintió en todas las redes en expansión del Cártel de Sinaloa, desde los campos de coca de América del Sur hasta las instalaciones de empaque de drogas en México y a lo largo de sus rutas de tráfico internacional, dijo un contador de la organización. Igual como muchas empresas intentan contrarrestar los impactos de la pandemia, el cártel se reorganizó, despidiendo a muchos empleados de bajo nivel, incluidos choferes de camiones, trabajadores de almacén y personal de seguridad, señalaron el contador y otros dos asociados del cártel que pidieron el anonimato porque temían por su seguridad por hablar sin autorización.

Cuando el flujo de drogas recobró impulso, los obstáculos en el transporte originaron una marcada caída en la frecuencia de los envíos, la cocaína de América del Sur llegaba a México una vez cada dos semanas, en vez de varias veces por semana, dijeron los asociados del cártel y un oficial de la Marina Armada mexicana.

La desaceleración hizo que el precio al mayoreo de la cocaína en México se duplicara, dijo el contador del cártel en una entrevista en Culiacán, ciudad del noroeste de México donde la organización tiene su sede.

Los trastornos en el tráfico de drogas fueron particularmente notables en toda la frontera suroccidental de EU. La mayoría de las drogas que entran a EU desde México llegan a través de puertos de entrada legales a lo largo de esa frontera, oculta en automóviles de pasajeros y vehículos comerciales o introducidas de contrabando por viajeros que llegan a pie, a menudo disfrazados de turistas o de viajeros que van de compras por un día.

Pero las restricciones impuestas por el Gobierno de Donald Trump a todos los “viajes no esenciales” han hecho que pasen menos autos y peatones no estadounidenses por los puertos de entrada, lo que ha aumentado la exposición de los contrabandistas.

Los cárteles de la droga se adaptaron rápidamente, dependiendo más de las rutas marítimas, incluido el uso de más barcos semisumergibles y lanchas rápidas, que son embarcaciones de bajo perfil equipadas con motores de alta potencia, de acuerdo con informes de la Armada de Colombia, así como de funcionarios judiciales estadounidenses y mexicanos y asociados del Cártel de Sinaloa.

Los grupos de traficantes también empezaron a ocultar cada vez más drogas entre las mercancías legales empaquetadas en contenedores y transportadas en buques de carga, en particular en las rutas que conectan a América del Sur con México y América Latina con Europa, señalan funcionarios estadounidenses, mexicanos y colombianos.

En otro aparente cambio, dijeron funcionarios y analistas, algunos traficantes han enviado menos cargas, aunque en mayores cantidades -quizá como una estrategia para reducir el riesgo y como reflejo de las opciones más limitadas de transporte.

El año pasado, en la frontera suroeste de EU, al parecer las organizaciones del crimen usaron más los túneles para contrabandear sus productos desde México, a veces reactivando túneles que estaban inactivos, dijeron Donahue y asociados del Cártel de Sinaloa. El contador estimó que el uso de los túneles había aumentado en un 40 por ciento durante la pandemia.

“Estamos detectando intentos de contrabando de drones e interrumpiendo intentos de contrabando de drones con regularidad, y ése no era el caso hace un año”, dijo Brown. “Al otro lado de la frontera suroeste, es raro el día que no hay un intento de tráfico de drones”.

Antes de la pandemia, los cárteles solían contratar a contrabandistas nacidos en el extranjero que cruzaban la frontera de México a EU con el pretexto de hacer turismo o realizar un viaje de compras. Pero como las restricciones fronterizas por la pandemia han bloqueado la entrada a muchos visitantes extranjeros, los grupos delictivos han estado reclutando a más ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes, que no están sujetos a las restricciones, para introducir drogas de contrabando a EU, dijeron funcionarios estadounidenses. Estos contrabandistas, llamados por los funcionarios “portadores internos”, suelen ser descubiertos con los narcóticos escondidos dentro de sus cuerpos, afirman los oficiales.

“Parece que casi a diario descubrimos a portadores internos”, dijo Guadalupe Ramírez Jr., director de operaciones de campo de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza en Arizona.

Los desafíos de introducir drogas a Estados Unidos también parecen haber estimulado el desarrollo de laboratorios clandestinos en EU para la producción de drogas sintéticas, dijo Celina Realuyo, profesora en la Universidad de Defensa Nacional en Washington.

Y los organismos de procuración de justicia de todo el mundo también han detectado una aceleración en el uso de las criptomonedas y la llamada “dark web” para transacciones de drogas y lavado de dinero, indicó.

“Se están adaptando”, dijo Realuyo. “Ya tenían una especie de recursos, y lo que están haciendo es adaptarse más rápido a su contexto”.

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