En medio de los cuestionamientos por la política exterior y el manejo de los recursos energéticos, la presidenta Claudia Sheinbaum salió al paso de las críticas sobre el suministro de hidrocarburos a la isla de Cuba. Durante su conferencia matutina, la mandataria negó categóricamente que su administración haya incrementado el volumen de exportación de crudo hacia el régimen cubano, escudándose en que se trata de un “envío histórico” que data de sexenios anteriores.

Ante la insistencia de la prensa por conocer las cifras reales detrás de estos movimientos, Sheinbaum admitió que, aunque no contaba con el dato preciso de Petróleos Mexicanos (Pemex) en ese momento, México se ha consolidado como un “proveedor importante” para la isla. El vacío dejado por Venezuela, sumido en crisis y bloqueos, ha sido llenado por la infraestructura mexicana.

“No es nuevo”, argumenta la mandataria

Con una narrativa que apela a la continuidad institucional, la jefa del Ejecutivo federal recordó que gobiernos como el de Enrique Peña Nieto no solo enviaron petróleo, sino que llegaron a condonar deudas millonarias a Cuba. “Ayer pregunté a Pemex… no se está enviando más petróleo del que se había enviado históricamente, no hay un envío particular”, sentenció.

Sin embargo, el reconocimiento de que México ha tomado el relevo de Venezuela en el suministro energético de Cuba levanta cejas entre analistas y sectores de oposición, quienes cuestionan el costo de oportunidad para Pemex y las implicaciones geopolíticas de esta “ayuda humanitaria” que se mezcla con contratos comerciales.

Entre contratos y ayuda humanitaria

Sheinbaum Pardo justificó la permanencia de estos envíos bajo dos conceptos: el cumplimiento de contratos vigentes y la asistencia solidaria. “Durante muchos años se ha enviado petróleo a cuba por distintas razones, una son contratos, otras son ayuda humanitaria”, explicó, al tiempo que se comprometió a transparentar la información estadística en breve.

Mientras la crisis energética en Cuba persiste, el gobierno mexicano parece decidido a mantener el flujo de crudo, una decisión que, según la Presidenta, no es un cambio de rumbo, sino el seguimiento de una ruta trazada desde hace décadas, a pesar de la delicada situación financiera que atraviesa la petrolera mexicana.

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