La conferencia matutina de este jueves volvió a colocar a la presidenta Claudia Sheinbaum en el centro del debate regional, luego de que, por segunda ocasión, rehusara hablar sobre María Corina Machado, la líder opositora venezolana que recientemente recibió el Premio Nobel de la Paz. Su silencio motivó cuestionamientos públicos y señalamientos de mezquindad y falta de sororidad hacia la política venezolana por parte de diversos sectores críticos.
Ante la pregunta directa de la prensa, Sheinbaum reiteró su postura evasiva: “La última vez dije ‘sin comentarios’ y sigo diciendo sin comentarios”. Acto seguido, defendió que la posición de México se rige por el principio de autodeterminación de los pueblos.
La presidenta sostuvo que su gobierno respalda a Venezuela en el contexto de las tensiones actuales, subrayando que México “defiende la no invasión, la no injerencia y la decisión de los pueblos de tener a los gobiernos que decidan los propios pueblos”. Añadió que, frente a la situación venezolana, la postura seguirá siendo la misma: apostar por el diálogo como vía de solución.
Mientras en México se discutían las declaraciones de Sheinbaum, en Oslo, Noruega, María Corina Machado hacía su primera aparición pública tras llegar a la capital escandinava para recibir el Nobel de la Paz. La dirigente opositora salió al balcón del Grand Hotel ya entrada la madrugada, visiblemente cansada pero sonriente, para saludar a sus seguidores y entonar el himno venezolano con la mano en el pecho.
La distancia discursiva entre ambas figuras —una celebrada globalmente por su activismo, otra criticada por eludir posicionarse— alimentó la percepción de falta de solidaridad femenina en un momento de alta visibilidad internacional para Machado. Según analistas y voces opositoras, la postura de Sheinbaum refuerza la narrativa de alineamiento con el gobierno venezolano y deja sin respaldo simbólico a una mujer que enfrenta persecución política.







