“Matamos a Osama bin Laden”, fue el histórico anuncio que dio hace 10 años el presidente estadounidense Barack Obama al confirmar la muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda.

Un anivesario que este año tiene un sabor diferente: después de 20 años, Estados Unidos ha iniciado la retirada de tropas de Afganistán allanando el camino del fin de la guerra más larga de este país norteamericano.

Un retiro que, según los planes de Joe Biden, se completará el 11 de septiembre. Las palabras del presidente estadounidense están dirigidas precisamente a los familiares de las víctimas del atentado a las Torres Gemelas.

“Mantuvimos la promesa de que nunca olvidaríamos y que Estados Unidos nunca flaquearía en su compromiso de prevenir otro ataque”, dijo Biden recordando aquel mayo de 2011 en la Sala de Situación con Obama mientras los Navy Seals llevaban a término la operación bin Laden en su complejo de Abbottad, en Pakistán.

“Seguimos a Bin Laden hasta las puertas del infierno y lo atrapamos”, dijo Biden tranquilizando a todos aquellos que temen o están en contra del retiro de los estadounidenses de Afganistán.

“Estados Unidos se mantendrá alerta a las amenazas de los grupos terroristas. Continuaremos monitoreando y destruyendo cada amenaza en contra nuestra que emerja de Afganistán, donde Al Qaeda está significativamente debilitada”, aseguró.

Palabras que, sin embargo, no apagan la polémica sobre el retirado, considerado por muchos como prematuro y sin una estrategia clara para el después. Y que llegan mientras los talibanes celebran la victoria por la salida de los estadounidenses de la escena.

Aunque la Casa Blanca describió a una Al Qaeda más débil, los observadores señalan que la presencia a nivel mundial de la organización terrorista se ha fortalecido y ahora es mayor que en 2001, gracias al reclutamiento de los que se estima entre 30.000 y 40.000 combatientes en total.

A 25 años de la declaración de guerra de bin Laden a Estados Unidos, Al Qaeda sobrevive y la preocupación, incluso en los círculos militares, es que la retirada ‘basada en el calendario’ de Afganistán podría llevar a una repetición de lo que sucedió en Irak en 2011.

En ese momento, después de solo tres años de retirarse del país, Estados Unidos se vio obligado a regresar para enfrentar el surgimiento del estado islámico.

Los partidarios de la retirada minimizan la amenaza de Al Qaeda, que en Afganistán, en su opinión, tiene unos cientos de combatientes. Pero -replican los escépticos- una vez que Estados Unidos se haya retirado, la organización tendrá la oportunidad de recrear sus redes, especialmente si los talibanes, como muchos esperan, se convertirán en una de las fuerzas dominantes en el país.

De hecho, los talibanes nunca han roto completamente con Al Qaeda y esto crea el potencial para un renacimiento de la organización en la región.

A pesar de la oposición de parte de sus militares, Biden sin embargo decidió seguir adelante con su apuesta convencido de que la necesidad de terminar “la guerra para siempre” tenía prioridad.

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