El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, encabezará la delegación de su país en la Conferencia de Seguridad de Múnich, que inicia este viernes en la capital bávara, con un mensaje orientado a mantener la presión sobre los aliados europeos, aunque con un tono previsiblemente más moderado que el desplegado en la edición anterior.
En 2025, el entonces recién nombrado vicepresidente de Donald Trump, J. D. Vance, utilizó ese mismo foro para lanzar severas críticas contra las políticas europeas en materia migratoria, el trato a partidos populistas y el estado de la libertad de expresión, la cual -afirmó- se encontraba “en retirada” en el continente. En su intervención, Vance mostró afinidad con posturas de formaciones de extrema derecha como Alternativa para Alemania (AfD).
Este año, sin embargo, Vance -quien recientemente concluyó una visita oficial a Armenia y Azerbaiyán- no asistirá. En su lugar, Rubio asumirá la representación estadounidense en las conversaciones anuales de seguridad y defensa, que se extenderán hasta el domingo. Considerado menos ideologizado que el vicepresidente, el jefe de la diplomacia estadounidense buscará articular la posición de Washington en un momento de tensión acumulada con Europa.
El viaje ocurre en un contexto de fricción transatlántica tras la controversia generada por las declaraciones de Trump sobre la eventual adquisición de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca. La crisis diplomática escaló a tal punto que varios gobiernos europeos expresaron protestas formales ante lo que consideraron una amenaza sin precedentes entre aliados de la OTAN.
Antes de partir de Washington, Rubio sostuvo que “vivimos en una nueva era geopolítica” que obligará a redefinir responsabilidades y roles. En línea con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada en diciembre, la administración Trump ha insistido en que Europa debe asumir mayores compromisos, particularmente en materia de defensa colectiva. En ese documento, la Casa Blanca calificó al continente como sobrerregulado y cuestionó su capacidad de respuesta ante los desafíos migratorios y de seguridad.
Aunque Trump moderó su discurso durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, donde dejó atrás la amenaza de aranceles y planteó un acuerdo marco con la OTAN para la seguridad en el Ártico, el episodio dejó secuelas. Diplomáticos europeos, bajo condición de anonimato, reconocieron un deterioro en la confianza bilateral. Una encuesta difundida por Politico indicó que más de la mitad de los ciudadanos alemanes no considera a Estados Unidos un aliado “fiable”.
En Múnich, Rubio insistirá en la necesidad de “compartir responsabilidades”, especialmente en el financiamiento y desarrollo de capacidades de defensa. La agenda incluirá también la sostenibilidad de la unidad transatlántica, el papel del paraguas de seguridad estadounidense, la guerra en Ucrania y los canales de comunicación con Moscú.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha manifestado su interés en reactivar el diálogo con su homólogo ruso, Vladimir Putin, aunque por ahora los contactos se limitan a intercambios directos entre Washington y Moscú.
Las deliberaciones en Múnich preceden a la sesión inaugural del denominado “Consejo de Paz”, convocada por Trump para el 19 de febrero en Washington. El mecanismo fue concebido inicialmente para atender la situación en Gaza tras la guerra, pero su mandato podría ampliarse a otros escenarios internacionales, lo que ha generado cuestionamientos sobre su eventual superposición con funciones de la ONU.
Otro punto sensible será la regulación europea sobre plataformas digitales y la lucha contra la desinformación. Rubio estará acompañado por su subsecretaria de Estado para diplomacia pública, Sarah Rogers, crítica de las políticas de la Unión Europea en ese ámbito. Washington ha sostenido que las normas comunitarias para supervisar a las grandes tecnológicas pueden vulnerar la libertad de expresión.
Tras su participación en la conferencia, Rubio viajará a Eslovaquia y posteriormente a Hungría, ambos gobernados por liderazgos nacionalistas que han mantenido una relación cercana con la administración Trump.







