- El historiador Enrique Krauze analiza la crisis en Cuba, desmonta el mito del embargo y advierte sobre el colapso económico y la falta de libertades en la isla.
Cuba hoy: entre la esperanza de cambio y el temor por el costo social
En una conversación amplia con Carlos Loret de Mola en Latinus, el historiador Enrique Krauze abordó uno de los dilemas más complejos del presente latinoamericano: cómo interpretar la posible fragilidad del régimen cubano en medio de presiones externas y crisis internas.
Lejos de celebrar el momento, Krauze habló de una “esperanza cautelosa”. Para quienes han seguido por décadas la evolución política de la isla, el eventual debilitamiento del sistema representa una posibilidad histórica de transformación. Sin embargo, advirtió que los mecanismos de presión -particularmente los asociados al estilo político de Donald Trump- generan incertidumbre sobre el costo humano que podría implicar ese proceso.
“El pueblo cubano ya ha perdido demasiado”, sugirió el historiador, al referirse a una sociedad marcada por carencias materiales, apagones constantes y una migración sostenida.
El origen del problema: más allá del embargo estadounidense
Uno de los ejes más contundentes de la entrevista fue la crítica frontal a la narrativa que atribuye la crisis cubana al embargo de Estados Unidos.
Krauze calificó esa interpretación como reduccionista e históricamente insostenible. Afirmó que, si bien el embargo ha tenido efectos, no explica por sí solo la magnitud del deterioro económico y social.
Recordó que Cuba ha mantenido relaciones comerciales con decenas de países y que incluso ha importado bienes esenciales desde Estados Unidos, lo que desmonta la idea de un aislamiento absoluto.
Para el historiador, el problema central radica en las decisiones políticas adoptadas desde la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, prolongadas por Raúl Castro y continuadas por Miguel Díaz-Canel.
La responsabilidad histórica de Estados Unidos… y sus límites
Krauze no eximió a Estados Unidos de su papel en la historia cubana. Reconoció que el respaldo a dictaduras como la de Fulgencio Batista y la imposición de mecanismos de control como la Enmienda Platt contribuyeron a generar condiciones de desigualdad y agravio nacional.
Ese contexto, explicó, facilitó el surgimiento de la Revolución cubana como un movimiento con legitimidad social en sus orígenes.
No obstante, subrayó que esa responsabilidad histórica no puede utilizarse para justificar más de seis décadas de autoritarismo, ni para explicar la crisis estructural que vive la isla en la actualidad.
Las oportunidades que el régimen decidió ignorar
Uno de los puntos más relevantes del análisis es la insistencia en que Cuba sí tuvo alternativas.
Krauze identificó al menos dos momentos clave en los que el régimen pudo reformarse:
1. Finales de los años 80: con la caída del bloque soviético y las reformas impulsadas en la Unión Soviética.
2. Apertura con Estados Unidos durante la administración de Barack Obama: un periodo que ofrecía condiciones para una transición económica gradual.
En ambos casos, señaló, el gobierno cubano optó por mantener un modelo centralizado y cerrado.
Comparó esta decisión con los casos de China y Vietnam, que adoptaron esquemas de apertura económica sin democratización política plena. Aunque estos modelos no representan ideales democráticos, lograron reducir la pobreza y dinamizar sus economías.
Cuba, en contraste, permaneció anclada en un sistema que -según Krauze- privilegió el control político sobre el bienestar material de la población.
Del esplendor relativo al colapso estructural
Para dimensionar la magnitud del deterioro, el historiador recurrió a datos históricos que contrastan el antes y el después de la Revolución:
Cuba antes de 1959:
- Uno de los ingresos per cápita más altos de América Latina
- Alta disponibilidad de alimentos
- Producción ganadera significativa
- Red de servicios médicos y educativos en desarrollo
Cuba en la actualidad:
- Importa más del 80% de los alimentos que consume
- Caída drástica en la producción agrícola y ganadera
- Dependencia de subsidios externos (primero soviéticos, luego venezolanos)
- Colapso de sectores productivos clave
El dato más ilustrativo, según Krauze, es la caída del consumo de carne de res: de aproximadamente 50 kilogramos por persona al año en la década de 1950 a menos de 500 gramos en la actualidad.
El costo político: libertades canceladas
Más allá de la economía, Krauze enfatizó que el mayor costo del modelo cubano ha sido la supresión sistemática de libertades.
Enumeró la desaparición de elementos esenciales de una democracia:
- Pluralidad política
- Libertad de prensa
- Autonomía sindical
- Libertad de expresión y de tránsito
- Elecciones libres
Describió el sistema como una estructura de vigilancia permanente, apoyada en mecanismos como los Comités de Defensa de la Revolución, que institucionalizan el control social.
Salud y educación: logros reales, pero insostenibles
Krauze reconoció que el régimen logró avances en salud y educación, particularmente durante los años de fuerte subsidio soviético.
Sin embargo, cuestionó el costo político de esos logros:
¿Era necesario instaurar una dictadura para alcanzarlos?
Señaló que países como México lograron construir sistemas de salud pública sin eliminar libertades fundamentales. Además, advirtió que los avances cubanos resultaron insostenibles sin financiamiento externo.
En educación, planteó una crítica de fondo: no basta con alfabetizar si no existe libertad para acceder a contenidos diversos o críticos.
El mito revolucionario en América Latina
La Revolución cubana, explicó Krauze, tuvo un impacto simbólico profundo en la región.
Figuras como Ernesto ‘Che’ Guevara encarnaron un ideal que inspiró movimientos sociales, guerrillas y corrientes políticas durante décadas.
Ese “mito” generó una polarización que debilitó a las democracias latinoamericanas, al confrontar extremos ideológicos:
- Izquierdas radicalizadas
- Derechas autoritarias y, en algunos casos, militares
El resultado, dijo, fue la pérdida de espacios democráticos en varios países de la región.
La izquierda mexicana: entre la crítica y la nostalgia
Krauze señaló que, aunque una parte de la izquierda latinoamericana ha revisado críticamente su relación con Cuba, otra permanece anclada en la narrativa histórica de la Revolución.
En el caso mexicano, consideró que ciertos sectores políticos mantienen una visión idealizada del régimen cubano, ignorando la evidencia acumulada sobre su fracaso.
Esta postura, advirtió, influye en decisiones de política exterior que pueden resultar contradictorias con los principios democráticos.
México, Estados Unidos y una relación estratégica en tensión
El historiador subrayó que la relación con Estados Unidos es central para México, no solo en términos económicos, sino también geopolíticos.
En ese contexto, cuestionó la pertinencia de tensar el vínculo por respaldar a un régimen autoritario.
Planteó que el principio de autodeterminación no puede invocarse sin considerar la ausencia de elecciones libres en Cuba, donde el sistema de partido único impide la expresión democrática.
El horizonte: transición, democracia y reconstrucción institucional
Krauze concluyó con una visión de futuro: el cambio en Cuba es inevitable, pero su profundidad dependerá de si se limita a ajustes económicos o avanza hacia una transformación política integral.
Para el historiador, la única salida sostenible pasa por:
- Restaurar la república
- Garantizar la división de poderes
- Establecer elecciones libres
- Recuperar la libertad de prensa
- Permitir la competencia política
“Cuba necesita democracia, libertad y república”, afirmó, extendiendo implícitamente esa reflexión al resto de América Latina.







