Cuba no es equiparable a Venezuela ni a Irán en el tablero geopolítico de Estados Unidos. Especialistas consultados coinciden en que la isla presenta condiciones particulares que complican cualquier estrategia de presión impulsada por Donald Trump.
Economistas, exdiplomáticos e historiadores subrayan factores diferenciadores: la limitada disponibilidad de recursos naturales, la estructura del poder político, la cercanía geográfica con territorio estadounidense y la fragmentación de la oposición.
El economista Ricardo Torres advierte que, aunque Cuba posee potencial, requiere una reconstrucción integral. A diferencia de países como Venezuela o Irán, no cuenta con reservas energéticas de impacto inmediato, aunque sí dispone de minerales como níquel y cobalto. Esto reduce el atractivo de resultados económicos rápidos para Washington.
En el plano político, la académica Tamarys Bahamonde señala que el poder en Cuba no se concentra en una sola figura, a diferencia del modelo encabezado por Nicolás Maduro. En la isla, distintos órganos mantienen coordinación interna, especialmente frente a presiones externas.
El historiador Pável Alemán descarta la viabilidad de replicar un esquema similar al venezolano, al considerar improbable la aparición de actores internos dispuestos a negociar cambios de gobierno sin respaldo social.
En cuanto a la oposición, el exdiplomático Carlos Alzugaray sostiene que carece de liderazgos sólidos o consensos comparables a figuras como María Corina Machado.
La cercanía geográfica es otro factor crítico. La distancia entre Cuba y Estados Unidos —apenas 90 millas— implica riesgos directos. Una crisis interna podría derivar en flujos migratorios masivos hacia territorio estadounidense, lo que convierte la estabilidad de la isla en un asunto estratégico para Washington.
Además, esta proximidad plantea desafíos de seguridad, incluyendo la defensa de instalaciones como la base naval de Guantánamo y posibles amenazas en escenarios de escalada.
Otro elemento relevante es la influencia del exilio cubano en Estados Unidos. Según Torres, este grupo ejerce presión política significativa que condiciona las decisiones de la Casa Blanca.
Finalmente, Alzugaray advierte que tanto La Habana como Washington enfrentan presiones internas. Mientras Cuba requiere ajustes urgentes, Estados Unidos busca resultados políticos visibles, especialmente ante procesos electorales próximos.
Pese a las tensiones, los analistas coinciden en que un colapso del gobierno cubano no sería conveniente para Estados Unidos, debido al riesgo de inestabilidad regional. Paradójicamente, la continuidad del sistema en la isla podría ser, en sí misma, un factor de interés para la administración estadounidense.







