*Gricha Raether/Agencia Reforma

Los cuatro años de la Administración del Presidente Trump se caracterizaron por su agresiva retórica y actitud voluble hacia otros países, desde socios comerciales como México y China, hasta países “enemigos” como Rusia y Corea del Norte. El polémico jefe de gobierno llevó su presidencia de la misma manera que lo había hecho hasta 2016 con sus socios comerciales, empleados y hasta los participantes de su programa de reality TV, “The Apprentice”. En resumen fue, y continúa siendo, un bully. En lo que a la relación con México se refiere, esta actitud se dio a notar cuando Trump obligó a México a renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) y a enviar fuerzas de la recién creada Guardia Nacional a la frontera sur de México para satisfacer la necesidad de Estados Unidos de reducir el número de migrantes indocumentados, en vez de que estos elementos protegieran a la sociedad mexicana de la creciente violencia a la que desde años se enfrenta el país.

Finalmente, después de cuatro tortuosos años en donde la relación con EU dependía del humor del Presidente Trump y una de las más contenciosas, violentas, polarizadas y cuestionadas elecciones en el país vecino, el 6 de enero el Congreso estadounidense certificó a Joe Biden como el ganador de la contienda presidencial, y ahora el mundo, y México en particular, está ansioso de saber cómo será la relación con nuestro principal socio comercial. Atrás quedarían los días en que un Jefe de Estado llamaría a nuestros migrantes violadores, narcotraficantes y delincuentes, llevándolo a insistir en extender un muro que siempre ha sido el principal símbolo de las diferencias y fricciones entre nuestros dos países.

La llegada de Biden al poder trae consigo un reinicio de la relación bilateral, en donde la población civil, los líderes de opinión, los medios, la industria privada y la clase política de México estará muy atenta a cada palabra y acción de la nueva administración. Aunque décadas de vecindad han dejado claro que la relación comercial y social trasciende a quien ocupa la silla presidencial, es un hecho que ciertas acciones pueden sin duda afectar a ciertos intereses particulares.

Uno de los temas principales a observar en la nueva relación, será el de migración. A pesar de las propuestas conciliadoras de Biden, los funcionarios de ambos lados reconocen que no desean enfrentar un aumento repentino de migrantes, por lo que México seguramente mantendría un control firme de su frontera sur. Para complicar más las cosas, ciertas tensiones han salido a la superficie tras el arresto el mes pasado de un ex Ministro de Defensa mexicano en Los Ángeles con una orden de la Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos. México ha expresado públicamente su disgusto por no haber sido informado del operativo para arrestar al ex jefe del Ejército Salvador Cienfuegos por cargos de tráfico de drogas, lo cual llevó al Presidente López Obrador a revisar la cooperación entre Estados Unidos y México en política antinarcóticos. Como mencionó el ex embajador Arturo Sarukhán, esta disputa surgió en un momento en que la cooperación bilateral en materia de seguridad ya se estaba debilitando después de un progreso constante y sustancial durante dos o tres décadas. La amplia experiencia de Biden en temas bilaterales seguramente evitará cualquier aumento en el deterioro de la relación a raíz de este incidente.

El entrante Presidente Biden también enfrenta presión para moderar el impulso de López Obrador para empoderar a las empresas energéticas estatales mexicanas a expensas de las empresas privadas, lo que ha puesto en duda miles de millones de dólares en inversiones extranjeras. Más de 40 miembros del Congreso de Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas, escribieron una carta a Trump instándolo a adoptar una línea más firme con López Obrador en su agenda energética.

Grupos empresariales de los dos lados de la frontera esperan que Biden convenza a López Obrador a respetar sus contratos, y los litigios relacionados ya amenazan con crear problemas para México. Al mismo tiempo, Biden está obligado con los sindicatos que buscan hacer cumplir nuevas leyes laborales más estrictas en el marco del nuevo acuerdo comercial T-MEC elaborado por Trump, y así detener o reducir la exportación de trabajos a México. Biden buscará mantener un delicado balance entre los múltiples interesados y México jugará un papel fundamental en los pasos que se tomen en este tema.

Otros temas que hasta ahora habían sido representativos para la relación bilateral como la guerra contra las drogas, el tráfico de armas y el lavado de dinero, serán nuevamente foco de atención. Esto gracias a un marcado interés de parte de las dos administraciones de despenalizar el uso medicinal y lúdico del cannabis, la típica postura a favor del control de armas de parte de los demócratas y la reciente constatación de que los esfuerzos para limitar las fuentes de dinero de procedencia ilícita han sido en su mayoría poco efectivos.

Sin duda los temas y los retos son muchos, pero por lo menos el gobierno mexicano estará tratando con representantes profesionales y serios del lado de EU, quienes tratarán a México con el respeto y dignidad que como país hermano, vecino y principal socio comercial, merece.

*Gricha Raether es Portavoz del Partido Demócrata en México

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