En una señal inequívoca del giro estratégico de Washington, el gobierno de Estados Unidos dejó en claro que el continente europeo ha dejado de ser su prioridad militar absoluta. Durante el Foro de Seguridad de Varsovia, Matthew Whitaker, representante de la Casa Blanca ante la OTAN, reveló que Europa ocupa ahora el cuarto peldaño en la escala de prioridades de seguridad de EE. UU., por detrás de la defensa territorial estadounidense, el Hemisferio Occidental y la región del Pacífico.

El enviado diplomático instó formalmente a las naciones europeas a expandir su propia industria bélica y asumir un rol activo en la fabricación de armamento, advirtiendo que la capacidad industrial norteamericana estará absorbida de forma prioritaria por sus propias Fuerzas Armadas. Whitaker proyectó que el gasto de defensa de EE. UU. alcanzará entre 1 y 1.5 billones de dólares para 2026, lo que dejará un margen sumamente acotado para atender los pedidos de compradores extranjeros.

“Estados Unidos requiere aliados con capacidad real de fabricación. Si logramos desarrollar una infraestructura industrial de defensa transatlántica avanzada en suelo europeo, presenciaremos un crecimiento significativo”, puntualizó Whitaker, al tiempo que remarcó que la petición no implica un abandono, sino una exigencia para que Europa asuma la inversión que EE. UU. ha sostenido de manera unilateral durante casi ocho décadas.

Crisis de reabastecimiento y demoras en entregas

El trasfondo de esta decisión radica en el severo desgaste de los arsenales militares estadounidenses, derivado de los frentes abiertos en Oriente Medio y el suministro constante de pertrechos a Ucrania. Para salvaguardar sus propias reservas, el Pentágono ha congelado y diferido la entrega de sistemas de alta tecnología —como los misiles interceptores Patriot, la artillería de precisión HIMARS y los misiles de crucero Tomahawk— a diversos socios de la OTAN.

Haciendo uso de las cláusulas legales del programa de Ventas Militares al Exterior (FMS), Washington ha postergado los compromisos de entrega con sus aliados sin una fecha de resolución. Especialistas estiman que la reposición completa de los inventarios del ejército estadounidense podría demorar hasta 42 meses.

La postura de Washington ha encendido las alarmas en las capitales europeas, obligando a los Gobiernos del bloque a acelerar la búsqueda de autonomía estratégica, incrementar los presupuestos de defensa locales y diversificar sus alianzas comerciales ante un escenario geopolítico donde la asistencia militar inmediata de EE. UU. ha dejado de ser una garantía infranqueable.

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