Los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico avanzan gradualmente hacia una mayor implicación en la guerra contra Irán, tras una serie de ataques que han impactado sus economías y elevan el riesgo de que Teherán consolide su influencia sobre el estratégico estrecho de Ormuz, según fuentes citadas por The Wall Street Journal.

El giro fortalece la capacidad operativa de Washington para ejecutar ataques aéreos y abre nuevos frentes de presión económica contra Irán. Sin embargo, las monarquías del Golfo aún evitan un despliegue militar abierto, línea que han procurado no cruzar.

De acuerdo con el reporte, el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, evalúa sumarse a las ofensivas para restablecer la disuasión. Fuentes consultadas señalan que la incorporación saudí “es cuestión de tiempo”.

En los hechos, Riad ya permitió a fuerzas estadounidenses el uso de la base aérea Rey Fahd, pese a que al inicio del conflicto había descartado facilitar su territorio o espacio aéreo para atacar a Irán.

El canciller saudí, Faisal bin Farhan, advirtió que la tolerancia frente a agresiones iraníes “no es ilimitada” y rechazó la idea de que los países del Golfo carezcan de capacidad de respuesta.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos ha comenzado a actuar contra activos vinculados a Irán, afectando un canal financiero clave para Teherán. Además, analiza una posible intervención militar y presiona contra un alto el fuego que preserve capacidades estratégicas iraníes.

Aunque públicamente los países del Golfo niegan participación directa, indicios en el terreno apuntan a lo contrario. Registros verificados ubican lanzamientos de misiles desde Baréin hacia objetivos iraníes. Asimismo, un ataque iraní dañó aeronaves estadounidenses en una base saudí.

El escenario refleja una creciente implicación de las monarquías árabes en la ofensiva encabezada por Washington, pese a los riesgos: una participación abierta las convertiría en actores beligerantes y podría dejarlas expuestas si la Casa Blanca —bajo el presidente Donald Trump— modifica abruptamente su estrategia.

En este contexto, Arabia Saudita elevó la presión diplomática al declarar *persona non grata* a cinco funcionarios de la embajada iraní, incluido el agregado militar, ordenando su salida inmediata del país.

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