La isla de Jark, ubicada a unos 25 kilómetros de la costa iraní en el golfo Pérsico, se mantiene como la infraestructura energética más estratégica de Irán. Desde este punto se gestiona cerca del 90 % de las exportaciones de crudo del país, lo que la convierte en el principal nodo del sistema petrolero iraní.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó recientemente que fuerzas estadounidenses ejecutaron “uno de los bombardeos más devastadores en la historia de Oriente Medio”, con objetivos militares que incluyeron esta isla clave para la logística petrolera iraní. Sin embargo, autoridades iraníes aseguraron que la infraestructura energética no resultó dañada.

Terminal estratégica del crudo iraní

Jark funciona como terminal petrolera desde la década de 1960. Antes del actual episodio de tensión militar, sus instalaciones movilizaban alrededor de 1.5 millones de barriles diarios, una cifra que supera la producción total de varios países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

La isla cuenta con instalaciones de almacenamiento, sistemas de bombeo y oleoductos conectados con algunos de los mayores campos petroleros y gasíferos de Irán. Sus aguas profundas permiten la entrada de grandes petroleros, lo que facilita la exportación a gran escala.

De acuerdo con funcionarios iraníes citados por medios financieros, la terminal tiene capacidad para cargar más de seis millones de barriles al día, con posibilidad de ampliar la operación hasta 10 millones de barriles diarios en situaciones de máxima demanda.

Irán produce actualmente cerca de 3.3 millones de barriles diarios de crudo y alrededor de 1.3 millones de barriles adicionales de condensados y líquidos, lo que representa aproximadamente 4.5 % del suministro mundial de petróleo.

Un objetivo con antecedentes de guerra

La última vez que Jark fue blanco de ataques significativos ocurrió durante la Guerra Irán‑Irak en la década de 1980. En ese periodo, el régimen de Saddam Hussein ordenó intensos bombardeos contra la terminal petrolera. A pesar de los daños, Irán logró reconstruir la infraestructura y restablecer las exportaciones.

Analistas iraníes sostienen que la isla se encuentra fuertemente protegida y que su ubicación, más cercana al territorio iraní que a las bases navales estadounidenses, representa un factor defensivo relevante.

El impacto de un ataque a gran escala

Expertos coinciden en que una destrucción sistemática de la infraestructura petrolera de Jark —tanques de almacenamiento, oleoductos y muelles de carga— provocaría dos efectos inmediatos:

Asfixia económica para Irán, al perder su principal vía de exportación de petróleo.

Un shock en el mercado energético global, debido a la reducción abrupta del suministro.

Las exportaciones iraníes, que actualmente oscilan entre 1.4 y 1.7 millones de barriles diarios quedarían prácticamente paralizadas. Otros puertos del país poseen capacidades mucho menores y están orientados principalmente a petroquímicos o gas.

Riesgo para el mercado mundial

El conflicto ya ha impactado los precios internacionales del petróleo. El crudo Brent crude oil, referencia global, cerró recientemente en 103.14 dólares por barril, su nivel más alto desde 2022 y más de 40 % por encima del valor previo al inicio del conflicto.

El West Texas Intermediate, marcador estadounidense, terminó en 98.71 dólares por barril.

Un ataque mayor a Jark podría elevar aún más los precios energéticos y generar presiones inflacionarias en economías industrializadas, incluida la estadounidense.

Advertencias de represalias

Autoridades iraníes han advertido que un ataque directo contra la infraestructura petrolera podría desencadenar represalias regionales. Legisladores y mandos militares señalaron que instalaciones energéticas vinculadas a empresas con participación estadounidense en Medio Oriente podrían convertirse en objetivos.

Analistas también advierten que una escalada militar podría extenderse al Estrecho de Ormuz, corredor marítimo por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.

En ese escenario, la destrucción o bloqueo de Jark no solo afectaría a Irán, sino que incrementaría la inestabilidad energética global, reduciendo la oferta de crudo y presionando los precios en los mercados internacionales.

Publicidad