El Papa León XIV afirmó este domingo que el amor de Dios no depende del cumplimiento de mandamientos ni de méritos humanos, sino que nace de la iniciativa divina y se convierte en el origen de la vida cristiana.
Durante el rezo del Regina Caeli en el Vaticano, el Pontífice centró su reflexión en las palabras de Jesús durante la Última Cena: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos”, y aclaró que este mensaje no debe interpretarse como una condición para recibir el amor de Dios.
Explicó que la relación entre Dios y los creyentes no funciona como un intercambio basado en obras o recompensas, ya que “el amor de Dios es la condición para nuestra justicia”, y no al revés.
El Papa sostuvo que los mandamientos deben entenderse desde la certeza de saberse amado por Dios, pues “es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros”.
Insistió en que las palabras de Cristo representan una invitación a la relación y no un acto de presión o chantaje espiritual. Añadió que el amor verdadero es “puro, incondicional y fiel para siempre”, libre de condiciones, intereses o posesión.
También señaló que quien experimenta el amor de Dios puede amar auténticamente a los demás. Comparó este proceso con la vida misma: “solo quien ha recibido vida puede vivir; del mismo modo, solo quien ha sido amado puede amar”.
El Pontífice indicó además que los mandamientos no son cargas externas, sino un camino que ayuda al ser humano a liberarse de “amores falsos” y encontrar una vida plena.
En su mensaje, recordó que Dios no abandona al hombre ante las dificultades y destacó la promesa del Paráclito, el Espíritu Santo, al que describió como “el Espíritu de la Verdad” y un defensor permanente para quienes viven en el amor.
Advirtió que el mundo no puede recibir ese don mientras persistan prácticas como la opresión a los pobres, la exclusión de los débiles y la violencia contra inocentes.
Finalmente, el Papa llamó a los cristianos a convertirse en testimonio permanente del amor divino y afirmó que este amor “no es una idea humana”, sino una realidad espiritual que da sentido a la creación y a la redención.







