• Canonizó a Mama Antula, la primera santa Argentina y evocó lo que repetía «la paciencia es buena, pero mejor es la perseverancia»

“El amor necesita concreción, presencia, encuentro, tiempo y espacio donados: no puede reducirse a hermosas palabras, a imágenes en una pantalla, a selfies de un momento o a mensajes apresurados”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del ángelus de este domingo 11 de febrero, ante los miles de files y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de San Pedro y después de haber celebrado por la mañana la Santa Misa con el rito de canonización de la beata María Antonia de San José de Paz y Figueroa.

El estilo de Jesús: pocas palabras y hechos concretos

Al comentar el Evangelio de este VI Domingo del Tiempo Ordinario, en el cual se narra la sanación de un leproso, el Santo Padre dijo que este pasaje bíblico nos muestra el estilo de Jesús con quien sufre, es decir, pocas palabras y hechos concretos.

“Al enfermo, que lo implora, Jesús le responde: «Quiero: queda limpio». Pronuncia una frase sencillísima, que pone inmediatamente en práctica. De hecho, «la lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio»”.

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No entretenernos en discursos o interrogatorios

Esta actitud de Jesús, señaló el Papa Francisco, se ve muchas veces en el Evangelio, lo vemos comportarse así con quien sufre: sordomudos, paralíticos y otros tantos necesitados. Siempre hace así: habla poco y a las palabras les siguen enseguida las acciones: se inclina, toma de la mano, cura.

“No se entretiene en discursos o interrogatorios, y mucho menos en pietismos y sentimentalismos. Más bien demuestra el pudor delicado de quien le escucha atentamente y actúa con diligencia, preferiblemente sin llamar la atención”.

Un estilo maravilloso de amar

En este sentido, el Obispo de Roma invitó a pensar en este modo de amor maravilloso cuando nos encontramos a personas que se comportan así: sobrias en las palabras, pero generosas en la acción; reacias a exhibirse, pero dispuestas a ser útiles; eficaces en la ayuda porque están dispuestas a escuchar.

“Amigos y amigas a los que se puede preguntar: ¿Quieres ayudarme?, con la confianza de escuchar una respuesta, casi con las palabras de Jesús: ‘Sí, quiero, estoy aquí para ti’. Esta concreción es tanto más importante en un mundo, como el nuestro, en el que parece que se abre camino, cada vez más, una virtualidad evanescente de las relaciones”.

El amor necesita concreción, presencia, encuentro

Asimismo, el Papa Francisco invitó a estar atentos lo que nos dice la Palabra de Dios: «Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de ustedes les dice: “Vayan en paz, abríguense y sáciense”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2,15-16).

“El amor necesita concreción, presencia, encuentro, tiempo y espacio donados: no puede reducirse a hermosas palabras, a imágenes en una pantalla, a selfies de un momento o a mensajes apresurados. Son instrumentos útiles, pero no bastan en el amor, no pueden sustituir a la presencia concreta”.

Convertirnos en testigos del amor que salva

El Santo Padre también destacó que hoy Jesús nos invita a promover la cercanía y discreción, sobre todo, cuando ordena al hombre sanado: «No le digas nada a nadie». Hermanos y hermanas, Dios nos ama así, y si nos dejamos tocar por Él, también nosotros, con la fuerza de su Espíritu, podremos convertirnos en testigos del amor que salva.

“Entonces, como dice una bellísima página de la Escritura (cf. Ez 37,1-14), de aquello que parecía un valle de huesos resecos, resurgen cuerpos vivientes y renace un pueblo de salvados, una comunidad de hermanos. Pero sería engañoso pensar que este milagro requiera formas grandiosas y espectaculares para realizarse, porque sucede principalmente en la caridad escondida de cada día; esa caridad que se vive en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la escuela; en la calle, en las oficinas y en los negocios; esa caridad que no busca publicidad y no tiene necesidad de aplausos, porque al amor le basta el amor”.

El testimonio de la primera santa argentina

Finalmente, el Papa Francisco señaló que la primera santa argentina, María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como “Mama Antula”, impulsada por su celo apostólico enseñó con su vida la cercanía y la salvación de Dios. “Tocada” por Jesús gracias a los Ejercicios espirituales, en un contexto marcado por la miseria material y moral, se desgastó en primera persona, en medio de mil dificultades, para que muchos otros pudieran vivir su misma experiencia.

“De esta manera involucró a un sinfín de personas y fundó obras que perduran hasta nuestros días. Pacífica de corazón, iba “armada” con una gran cruz de madera, una imagen de la Dolorosa y un pequeño crucifijo al cuello que llevaba prendida una imagen del Niño Jesús. Lo llamaba “Manuelito”, el “pequeño Dios con nosotros”. “Tocada” y “sanada” por el “pequeño Dios de los pequeños”, al que anunció durante toda su vida, sin cansarse, porque estaba convencida —como le gustaba repetir— de que «la paciencia es buena, pero mejor es la perseverancia». Que su ejemplo y su intercesión nos ayuden a crecer en la caridad según el corazón de Dios”.

Que la Virgen María nos ayude a ser solícitos a los demás

Antes de concluir su alocución, el Santo Padre pidió que la Virgen María, solícita en el cuidado, nos ayude a estar preparados y ser concretos en el amor y para ello es importante que nos preguntemos:

“¿Yo sé escuchar a las personas, estoy disponible a sus buenas peticiones? ¿O pongo escusas, postergo las cosas, me escondo detrás de palabras abstractas e inútiles? Concretamente, ¿cuándo fue la última vez que he ido a visitar a una persona sola o enferma, o que he cambiado mis planes para satisfacer las necesidades de quien me pedía ayuda?”.

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