Desde la residencia pontificia de Castel Gandolfo y ante miles de fieles congregados en la Plaza de la Libertad, el Papa León XIV lanzó un llamado a romper barreras sociales y religiosas durante el rezo del Ángelus de este domingo 16 de agosto. Al reflexionar sobre el Evangelio de la mujer cananea, el Pontífice enfatizó que la fe verdadera derriba prejuicios e instó a la Iglesia a ser un faro de concordia en medio de un contexto global convulso.
Durante su alocución, el Santo Padre subrayó la determinación de la mujer extranjera citada en los textos sagrados, cuya insistencia logró conmover a Jesús. “De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación”, afirmó el Obispo de Roma, señalando que su ejemplo demuestra que “la mesa de Dios está preparada para todos y a nadie le corresponden las migajas, porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre”.
En ese sentido, León XIV fue enfático al condenar los estereotipos y la exclusión que persisten en la sociedad contemporánea:
- Rechazo a la inequidad: Afirmó que, a la luz de la doctrina evangélica, resultan insoportables la discriminación y los muros que socavan la dignidad humana.
- Apertura eclesial: Señaló que la Iglesia debe dejarse sorprender por la acción divina y llevar el mensaje de paz más allá de las fronteras tradicionales.
- Compromiso dominical: Recordó que la Resurrección no pertenece al pasado, sino que exige una vida activa en favor de los más vulnerables.
En el marco del XX Domingo del Tiempo Ordinario y tras la reciente festividad de la Asunción de la Virgen María, el Pontífice citó su encíclica Magnifica humanitas para reafirmar la misión eclesial actual. Concluyó su mensaje recordando que la comunidad creyente se despliega en un mundo atormentado que anhela la paz, e invocó el ejemplo del Magníficat marianos como un canto de esperanza y caridad transformadora.








