El conflicto con Irán ha comenzado a pasar factura en el frente interno de Estados Unidos. Ante el descontento popular por el alza en los combustibles, el presidente Donald Trump exigió públicamente a las grandes corporaciones petroleras reducir sus tarifas para amortiguar el impacto económico sobre las familias estadounidenses.

El malestar del mandatario obedece al repunte del 37 % en los precios de la gasolina desde que iniciaron las hostilidades. La escalada inflacionaria amenaza con convertirse en un lastre político de cara a las próximas elecciones legislativas, donde las encuestas ubican al costo de vida como el factor determinante para los votantes.

“Están ganando demasiado dinero. No estoy contento”, declaró Trump desde el Despacho Oval.

El dilema político y la bonanza petrolera

A pesar de reafirmar su postura a favor del libre mercado, el Ejecutivo estadounidense insiste en que las petroleras deben transferir parte de sus extraordinarios márgenes de ganancia al consumidor final. Sin embargo, la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz ha disparado la cotización del barril de crudo Brent desde niveles inferiores a los 70 dólares hasta rozar los 80 —tras picos superiores a los 100 dólares—, beneficiando directamente los estados financieros del sector:

Con el electorado sensible a la pérdida de poder adquisitivo, la crisis energética internacional amenaza con reconfigurar el escenario electoral y dar margen de ventaja a la oposición demócrata en la contienda legislativa.

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