Un análisis publicado por The New York Times sostiene que el presidente Donald Trump y su círculo cercano calcularon de forma errónea el impacto que tendría la reacción de Teherán tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán. Según el reporte, en la Casa Blanca se minimizaron los riesgos estratégicos y económicos que implicaba provocar una confrontación directa con la república islámica.

De acuerdo con el diario, la respuesta iraní ha sido “mucho más agresiva” que durante la llamada Guerra de los 12 Días, la ofensiva militar que Washington y Tel Aviv lanzaron contra territorio iraní en junio pasado. Para el medio, esta reacción evidencia hasta qué punto la administración estadounidense subestimó cómo respondería Irán ante lo que considera una amenaza directa a su supervivencia política y militar.

Tras los bombardeos, Teherán respondió con ataques sostenidos mediante misiles y drones dirigidos contra bases militares estadounidenses, objetivos en Israel y ciudades de países árabes aliados de Washington en Medio Oriente. A la par, adoptó una medida de alto impacto global: el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo.

La medida desató una reacción inmediata en los mercados energéticos y obligó a la Casa Blanca a modificar su estrategia sobre la marcha. El gobierno estadounidense ordenó evacuar personal diplomático de varias embajadas en la región y comenzó a diseñar medidas de emergencia para contener el aumento del precio de la gasolina en Estados Unidos, un escenario que inicialmente había sido considerado en Washington como un riesgo menor y temporal.

El reporte recuerda que, apenas diez días antes del ataque militar, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, aseguró que incluso si una guerra con Irán provocaba un alza en los precios del petróleo, el efecto sería pasajero. El funcionario citó como antecedente la experiencia de la Guerra de los 12 Días, cuando los precios internacionales del crudo subieron brevemente antes de estabilizarse.

Sin embargo, según el diario, varios asesores del presidente compartían en privado esa misma evaluación optimista y no prestaron suficiente atención a las advertencias de que Irán podría recurrir a su principal carta geopolítica: bloquear el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.

El resultado fue inmediato. En los últimos días, Teherán amenazó con atacar petroleros comerciales que cruzan el paso marítimo, considerado uno de los cuellos de botella energéticos más importantes del planeta. El tráfico mercante se redujo de forma drástica, lo que presionó los precios del crudo y elevó el nerviosismo en los mercados internacionales.

Frente a este escenario, la administración Trump intenta ahora contener una posible crisis económica derivada del encarecimiento del petróleo en Estados Unidos. Pero dentro del propio sistema político estadounidense comienzan a surgir críticas abiertas.

El senador demócrata Christopher S. Murphy afirmó que la Casa Blanca carece de una estrategia clara para reabrir de forma segura el paso marítimo. “No existe ningún plan para hacerlo y eso es imperdonable, porque este desastre era completamente previsible”, denunció.

Según el análisis del Times, la incertidumbre también crece dentro del propio gobierno. Algunos funcionarios han comenzado a mostrar pesimismo sobre la evolución del conflicto y la falta de una salida política clara. No obstante, esas dudas rara vez llegan directamente al presidente, quien insiste públicamente en que la operación militar ha sido “un éxito total”.

En el fondo del conflicto se encuentra la verdadera palanca de presión iraní: el control estratégico del estrecho de Ormuz, una vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y cuya interrupción tiene la capacidad de sacudir de inmediato la economía energética global. En esta crisis, más que los misiles, ese estrecho parece haberse convertido en el arma más poderosa de Irán.

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