El presidente de Donald Trump volvió a tensar la relación con Cuba al insinuar una posible intervención militar, incluyendo el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas de la isla.
Durante declaraciones recientes, el mandatario afirmó que, tras su retorno de Irán, Estados Unidos podría posicionar una de sus principales unidades navales a escasa distancia del territorio cubano, sugiriendo que esto bastaría para forzar una rendición inmediata. En su narrativa, sostuvo que Washington podría “hacerse con el control de Cuba casi de inmediato”.
No es la primera vez que Trump recurre a este tipo de amenazas. En reiteradas ocasiones ha calificado al sistema cubano como “mal administrado” y ha cuestionado su estructura política, planteando incluso la posibilidad de abrir un nuevo frente de conflicto en el Caribe en paralelo a su política exterior en Medio Oriente.
En este contexto, la Casa Blanca anunció nuevas sanciones contra La Habana, bajo el argumento de la estrategia “América Primero”. Washington acusa al Gobierno cubano de mantener vínculos con actores considerados hostiles para Estados Unidos.
La respuesta desde la isla no se hizo esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel denunció que las medidas refuerzan el bloqueo económico vigente desde hace más de seis décadas, al que calificó como “genocida”, y criticó lo que considera una política de desprecio hacia el pueblo cubano y la comunidad internacional.
La escalada se remonta a finales de enero, cuando Trump firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante lo que su administración describe como una amenaza proveniente de Cuba. El documento señala supuestos vínculos con países adversarios, así como la presencia de capacidades militares extranjeras en la isla.
A partir de esta base, Washington ha impulsado medidas adicionales, incluyendo presiones comerciales contra terceros países que mantengan relaciones energéticas con La Habana. El Gobierno cubano ha rechazado sistemáticamente estas acusaciones y ha reiterado su disposición a defender su soberanía.
El endurecimiento del discurso y las acciones marca un nuevo punto de fricción en una relación históricamente conflictiva, en la que el embargo económico sigue siendo uno de los principales instrumentos de presión de Estados Unidos sobre Cuba.







