Por Antulio Ficachi
Con la soltura de una orquesta bien ensayada, desde el altar de la mañanera se volvió a entonar la conocida aria del “enemigo externo”. Resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum vio moros con cortaplumas en la felicitación que el mandamás de la DEA, Terry Cole, le prodigó a su titular de Seguridad, Omar García Harfuch.
Dijo la vicaria del segundo piso que los halagos al centurión estrella no son más que un perverso dardo de “injerencismo” gringo para socavar la unidad de su gabinete. Vaya maña la de disfrazar las pugnas internas con el manto del patriotismo defensivo.
A Cole no le tembló la mano para llamar a Harfuch “socio de confianza”, al tiempo que retrató con frialdad de cirujano la podredumbre y la narcocorrupción que sigue carcomiendo los altos pisos del poder en México.
Pero en vez de voltear a ver el estiércol en el propio patio, en Palacio prefirieron denunciar complots imperiales. Que los quieren dividir, chillan.
Como si hiciera falta que Washington metiera las manos para que en el gabinete se traigan ganas.
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Con esa picardía de quien no le debe nada a la nómina, reapareció en la Escuela Libre de Derecho la ministra en retiro Norma Piña. Sin perder el garbo ni el ácido humor, soltó a bocajarro: “Como estoy a la moda, pues traigo mi acordeón; hay que adaptarse”.
Vaya puyazo con guante de seda para ironizar sobre la farsa electoral con la que el oficialismo morenista llenó de “jueces del pueblo” las salas de justicia repartiendo ‘machetes’ para votar a los afines.
Piña advirtió con sobriedad que la tal ‘reforma judicial’ dio muestras de su invalidez al requerir remiendos legales antes de cumplir siquiera un año. El entuerto ahora les queda a los juzgadores electos, quienes bajo la sombra de un inquisitorial Tribunal de Disciplina tendrán que obrar milagros para demostrar una independencia que hoy parece mito.
Lo hecho, hecho está, dijo la exministra; la narrativa oficialista aplastó con el rodillo propagandístico y sin pruebas, dejando al Poder Judicial desarmado.
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Por las arboladas veredas del parque Los Berros, en la Atenas Veracruzana, se vio desfilar muy oronda a la directora del Colegio de Veracruz, Erandi Isabel López Herrería. Abordada sobre el “sueldazo” que ostenta, la funcionaria juró por todos los santos que sus ingresos no rebasan el tabulador estatal.
Lástima que a la sobrina predilecta —hija de Arturo López Obrador— la desmintiera su propia biblia: la Plataforma Nacional de Transparencia. Los números fríos del segundo trimestre de 2026 revelan que la doña cobra la friolera de 145 mil 322 pesos brutos mensuales (106 mil netos, peso más, peso menos).
Es decir, la sobrinísima se embolsa casi 22 mil pesos más al mes que su patrona, la gobernadora Rocío Nahle. Y aunque la titular del Ejecutivo pidió formalmente a la SEV que meta las manos en esa nómina de privilegios, Erandi sigue jurando que ella vive en la más pura y franciscana austeridad.
A eso le llaman lealtad familiar bien remunerada.
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Hablando del terruño jarocho, don Ricardo Ahued Bardahuil, ahora en su papel de compasivo Secretario de Gobierno, salió a anunciar con bombo y platillo que la gobernadora Nahle consiguió el “permiso” de la Federación para comprar medicamentos a taconazo limpio.
Veracruz destinará mil millones de pesos de su cajón para surtir las recetas que el desastroso IMSS-Bienestar dejó en el olvido, con la promesa guajira de que la Federación luego les reembolsará hasta el último centavo. Qué alivio para los enfermos, aunque cuando a don Ricardo le preguntaron sobre la reanudación de las miles de cirugías suspendidas por falta de gasas y bisturís, el funcionario nomás se encogió de hombros: que no hay fecha, que la burocracia pesa, pero que dinero “sí hay”.
Mientras los enfermos esperan en los pasillos de los hospitales públicos, la burocracia veracruzana inventa parches financieros para tapar el boquete de un sistema de salud federal que nomás no da una.
¡Siguen los rollos!
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Una buena entre tantas pálidas para la Fiscalía veracruzana. La Unidad Especializada en Combate al Secuestro y la Extorsión (UECS) se anotó un tanto al desarticular, en un solo mes, más de 600 líneas telefónicas que la delincuencia usaba para el famoso cobro de piso y la extorsión virtual.
Claro que desactivar el chip es penas una aspirina para un cáncer gigantesco, pero algo es algo. Ahora le toca a la sociedad no caer en el pánico, colgarle de inmediato a los hampones y no soltar un solo peso antes de llamar al 089.
La paranoia no deja nada bueno, y el bolsillo menos.


