Por Antulio Ficachi

En la 4T gobernar ya no es un arte político, sino un número de circo sin red protectora. Mientras la presidenta recorre el país inaugurando aplausos y esquivando abucheos con la gracia de un torero sorprendido por la vaquilla, la realidad le pisa los talones.

En el soleado Hidalgo, los estudiantes de la Escuela Normal Rural decidieron cambiar el guion oficial. Hartos de dormir cinco en literas diseñadas para dos y de comer únicamente de lunes a viernes —porque el hambre, al parecer, descansa los sábados y domingos—, irrumpieron en el evento presidencial al grito de “gobierne quien gobierne, los derechos se defienden”. 

¡Vaya ironía! Los hijos del pueblo bueno y sabio terminaron enseñándole modales de banqueta a la mismísima cumbre del poder, exigiendo el rescate de unas hectáreas que López Obrador prometió con la misma solemnidad con la que firmó contratos en el aire.

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El distinguido Octavio Romero Oropeza, director del Infonavit, salió  a presumir muy orondo en su declaración patrimonial un rosario de propiedades, terrenos rústicos y sus modestos 7.4 millones de pesos en cuentas bancarias. 

El hombre aclaró con gran rigor contable que su salario bruto es ligeramente menor al de la Presidenta de la República. 

¡Qué alivio para el erario! Saber que nuestros funcionarios sufren tal penuria económica reconforta el alma de cualquier contribuyente.

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Mientras tanto, en el mundo real, los médicos residentes e internos del país enfrentan jornadas de terror: jornadas extenuantes, brotes de salmonela que afectaron a más de un centenar de jóvenes y casos de acoso sexual. 

Ante las protestas por la falta de herramientas, la respuesta institucional desde el IMSS-Bienestar fue digna de comedia: “Si se siente ofendida de que no tiene las herramientas para operar, no opere”. 

¡Solución magistral! Si no hay bisturíes, que operen con fe; total, el dolor ajeno no causa mella en la nómina burocrática.

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En Xalapa, la paciencia del gremio médico se colapsó y salió a las calles. Con la consigna “¿Dónde están los insumos del Bienestar?”, decenas de trabajadores del Centro de Alta Especialidad (CAE) marcharon hacia Palacio del Mármol para exigir la renuncia del charlatán Roberto Ramos Alor. 

Con un hospital al 300 por ciento de su capacidad, camas insuficientes y personal comprando jeringas de su propia bolsa, la comunidad médica exigió formalmente una declaratoria de emergencia en salud para la entidad.

La transición al IMSS-Bienestar resultó ser un monumento a la ocurrencia: un modelo improvisado que recetó discursos tibios ante pacientes que se quedan sin cirugías y médicos reducidos a la caridad y la autogestión.

Así las cosas, entre giras triunfales, cuentas bancarias holgadas y hospitales convertidos en almacenes de carencias, la Cuarta Transformación demuestra que su mayor talento no es curar los males de la nación, sino administrar la escasez con una sonrisa digna de rifa de lotería sin ganador.

Dicen que el IMSS-Bienestar implementó el nuevo método “cero insumos”: si el paciente no se cura, al menos se ahorra el costo del la receta médica.

No vaya a ser que como ya se esta notando en el tema Pemex, que hay un viraje hacia la inversión de la iniciativa privada, por eso es que estamos viendo la sepultura del sector salud capitaneado por el IMMS y cualquiera podía pensar que esta debacle del sistema de salud de la 4T, que pudiera ser intencional, se encamina a una suculenta entrega de ese sector a la inversión privada que domina la “salud digna”.

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