Las exportaciones de Petróleos Mexicanos tocaron fondo. En enero de este año, la petrolera estatal colocó en el exterior apenas 294 mil barriles diarios, el nivel más bajo desde 1990, una cifra que desnuda el deterioro operativo y comercial de la empresa productiva del Estado.
El desplome del 44.6% menos que hace un año y 20% por debajo del mes previo no es una variación coyuntural; es una tendencia que confirma la pérdida de mercados, la menor capacidad de producción y una estrategia energética que prioriza el consumo interno sin resolver los cuellos de botella financieros y técnicos.
Del total exportado, 214 mil barriles diarios se enviaron a países de la región y 81 mil a Europa, volúmenes marginales para una empresa que durante décadas fue ancla de las finanzas públicas. Hoy, Pemex exporta menos, ingresa menos y carga con una deuda que limita cualquier margen de maniobra.
El dato es más que estadístico, es político y económico. La caída histórica en exportaciones refleja una petrolera atrapada entre decisiones ideológicas, falta de inversión productiva y una realidad de mercado que no perdona. Mientras el discurso insiste en soberanía, los números exhiben fragilidad. En el México de la “transformación, el pez muere por “Dos Bocas”.





