Hace un poco más de 500 años el conquistador Juan de Grijalva llegó al Islote de Ulúa donde tiempo después los españoles construyeron la Fortaleza de San Juan de Ulúa, que desde aquella época pertenece a la ciudad de Veracruz.
Y desde que Rocío Nahle ganó la gubernatura estatal, el nombre de ese sitio de adoración a los dioses culúas (o mexicas), se consideró para bautizar unos autobuses de fabricación china, que según el discurso oficial, se destinarían a consolidar la modernización del transporte urbano de pasajeros en el puerto jarocho y en Boca del Río.
Y en la plenitud del súper poder obradorista, en el mes de septiembre de 2024, la ingeniera Nahle dio a conocer la intención de adquirir una flotilla de autobuses de la marca Yutong. Desde luego, y conforme a la enseñanza de AMLO, no hacía falta un estudio preliminar, una detección de necesidades, un proceso de sensibilización con el sector concesionario involucrado, o una consulta a la ciudadanía.
Bastaba y sobraba con los méritos nahlistas de Dos Bocas y con las deslumbrantes medallas de la 4T y el estilo autoritario con la marca de la casa, para comenzar a negociar con los habilidosos empresarios orientales.
Meses después, Nahle informó que el gobierno del estado había adquirido 102 autobuses “Ulúa” híbridos y que comenzarían a circular en las rutas de la ciudad de Veracruz. No detalló ningún proceso licitatorio conforme a la Ley, o qué tipo de fondo de inversión utilizó la Sefiplan. Y entre la palomilla de La Parroquia, se comenzó a manejar un monto de adquisición por unidad, cercano a los 5 millones de pesos.
Meses más tarde, la aventura de los autobuses apareció en Coatzacoalcos, esta vez con la denominación de Quetzalli. Y al final, también para la ciudad de Xalapa, sin que hubiesen llegado a circular. Más de 200 autobuses pagados con dinero del erario, sin ningún diagnóstico o estudio de inversión. Al parecer, la señora gobernadora, respaldada por el pueblo sabio, no necesitó de ese estorboso requisito legal.
Y la semana pasada, un día como cualquiera, los modestos usuarios del servicio urbano de Xalapa, se encontraron con la novedad de que el costo del boleto no era de 9 pesos, sino que debían pagar 12 pesos por persona. Y cuando le preguntaron a Nahle, esta contestó que así era, en efecto. Hasta ahora, el aumento no ha sido justificado conforme a lo que establece la Ley de Tránsito, ni formalizado mediante su publicación en la Gaceta Oficial. Pero, ¿para qué el trámite legal, si ya lo avaló la poderosa gobernadora?
Al mismo tiempo, en otras ciudades comenzaron a subir el costo del pasaje, incluido el puerto de Veracruz. La gente, desde luego, inconforme y manifestándolo en todas sus redes sociales. Y siguieron las argumentaciones, las aclaraciones y las excepciones, aquí sí, allá no, acullá, tampoco, y etcétera, etcétera.
Hasta este instante, nadie conoce un documento de planeación sobre este programa de modernización, tampoco el reglamentario y fastidioso proceso licitatorio, insiste la sociedad. Los concesionarios, a conveniencia, dicen una cosa como dicen otra.
Lo que se observa en todo este sabroso relajo jarocho, es que, al estilo norteño, alguien anda toda reborujada, reborujando con ira a buena parte de su gabinete, y la rechifla es monumental, porque, dicen los enterados del sentir de los pasillos palaciegos, la gobernadora no oye consejos ni los acepta, y su actitud hace recordar aquella sentida y lastimera canción de “Sola con mi soledad”, que canta Marisela, también conocida como “La dama de Hierro”, y por cierto, ex esposa de El Buki, aquel de “A donde vamos a parar”.
Y cuidado, no sea que Sheinbaum o Trump le observen a Nahle, el inusitado gusto por la producción china de autobuses para Poner de Moda a Veracruz, en detrimento del empresariado automotriz del TMEC de Norteamérica, que también produce buenos autobuses. Y que se recuerde, que a instancia del mandatario estadounidense, y por circunstancias comerciales non gratas, se obligó a México a fijar aranceles a los chinos.
Para más ruido, cabe mencionar que el senador morenista Manuel Huerta, expresó su desconcierto y desaprobación, y sería muy bueno, que el gabinete en pleno, leyera a conciencia y aplicara lo que dice el Plan Veracruzano de Desarrollo a partir de la página 21 en lo relativo a LEGALIDAD, IMPARCIALIDAD, RESPONSABILIDAD, TRANSPARENCIA Y RENDICIÓN DE CUENTAS, Y aprovechando la primera lectura, que nos iluminen y digan en qué parte de ese documento con valor legal, se habla de adquisición de autobuses para modernización del transporte.
La gobernadora Nahle debería reflexionar en que por cinco años más será la gobernadora de Veracruz, y no la errática soberana que reina un islote donde nadie le observa los pasos.
La señora que dice profesar Amor a Veracruz, y que conforme a la Constitución, tiene un mandato conferido por los ciudadanos veracruzanos mediante el voto, también está sujeta a los meticulosos procesos de fiscalización de la Auditoría Superior de la Federación. Y a veces, la titular del Poder Ejecutivo Federal suele ponerse meticulosa.
El poder sin planeación termina en ocurrencias, y las ocurrencias, tarde o temprano, se pagan con dinero público. Veracruz no es un laboratorio personal ni un islote fuera de la ley. Alguien debería poner orden en el reborujo de palacio.







