Héctor González Aguilar

Fue el escritor más leído de México en la segunda mitad del siglo XX, y aunque tenía el reconocimiento de los lectores, su obra no era apreciada por los especialistas de la literatura.

Según Emmanuel Carballo, que en su momento fuera el crítico literario más reputado de este país, Luis Spota era un chapucero tanto en lo artístico como en lo moral; tan poca estima tenía por su trabajo que no lo incluyó en su obra Protagonistas de la literatura mexicana. Mientras que Carballo apenas era leído por sus pares, quienes compartían el mismo concepto sobre Spota, la popularidad de éste se extendía mucho más allá de nuestras fronteras, tanto que sus novelas se imprimían y reimprimían en tirajes nunca vistos en México.

La vida de Luis Spota bien puede ser digna de una novela: de ascendencia italiana por parte de padre, nació el 13 de julio de 1925, a los trece años publicó su primer texto en la revista El cuento, de Edmundo Valadés, un año después se va de su casa; se desempeña como marinero, vendedor, ayudante de mesero y aprendiz de torero; con los años sería dirigente de organizaciones boxísticas y, lo principal, pudo conocer de cerca el sistema político mexicano.

Ejerció el periodismo, a los diecisiete años ingresó a Excélsior y todavía no cumplía los veinte cuando lo nombraron director de Últimas noticias de Excélsior. Fue un columnista prolífico, se distinguió por conseguir, antes que nadie, las noticias más impactantes, se volvió famoso por descubrir la verdadera personalidad del escritor que firmaba como B Traven. 

Pero, fundamentalmente, Spota quería ser escritor. Y lo fue. Escribió veinticinco novelas, decenas de guiones para cine y hasta obras de teatro. Una de sus primeras novelas, Casi el paraíso, es un reflejo de la vida urbana mexicana, cuando los nuevos ricos y los oportunistas brillaban en la escena nacional. Esta novela se publicó dos años antes que La región más transparente, de Carlos Fuentes, a quien se le adjudica el cambio del campo a la ciudad en literatura.

Se dice de él que era un escritor “facilón”, que creaba de manera apresurada; los pocos críticos que reconocen su obra afirman lo contrario. Escribía sus novelas a mano, las mecanografiaba su esposa, Elda Peralta, actriz y profesora universitaria; después, Spota las revisaba y corregía hasta llevarlas a donde él quería.

La obra cumbre de Spota es la saga La costumbre del poder, conjunto de novelas publicadas entre 1975 y 1980 que describen un país gobernado por un presidente todopoderoso rodeado de una camarilla corrupta y servicial. Son seis novelas en las que se mimetizan, sin dar nombres reales, el presidencialismo mexicano, el estilo de ejercer el poder y ese bajo mundo, inescrupuloso, en donde la clase política mexicana se deslizaba como pez en el agua.

En general, la obra de Luis Spota tiene como tema central a México; por la crítica tan profunda que hace de la sociedad, Rafael Solana lo llamó el Balzac mexicano. En tanto, la reconocida socióloga, y escritora, Sara Sefchovich –una de las pocas estudiosas de Spota- especifica que la obra de éste muestra al México que va entre los años cuarenta y setenta del siglo XX, y que aporta un panorama totalizador de la política y de la sociedad de este país.

El aspecto que mayormente interesa a Spota es la relación del mexicano con el poder. Algunos consideran que la razón del éxito masivo de sus novelas es que ellas vinieron a llenar el hueco creado por la desinformación que campeaba en la época del presidencialismo mexicano.

Luis Spota falleció en 1985; después de varios años en que no era posible encontrar en las librerías sus obras, Jaime Labastida promovió la publicación, en 2017, de la saga La costumbre del poder. Recientemente, Adolfo Castañón reconoce en un artículo que la literatura de Spota es realista, bien escrita, rápida y astutamente armada para captar la atención de los lectores. 

Por lo tanto, todo apunta a que estamos viviendo una revaloración del que fuera el escritor preferido de los mexicanos durante la segunda mitad del siglo XX. 

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