Un video grabado en México volvió a colocar en el centro del debate las expresiones identitarias que circulan en redes sociales. La escena de un joven que se identifica como “therian” —término usado por personas que afirman experimentar una conexión espiritual o identitaria con un animal— terminó sobresaltado tras la reacción de un perro real.

En las imágenes se observa al joven caracterizado como can. Porta una máscara similar a la de un pastor alemán y guantes que simulan patas. Colocado a cuatro patas frente a un establecimiento comercial, reproduce gestos y posturas propias de un perro doméstico. 

Un perro auténtico se aproxima, ladra con evidente tensión y, en cuestión de segundos, se abalanza hacia el rostro del joven. De un solo mordisco desprende la máscara y queda expuesta la cara humana, el animal reduce su nivel de alerta y cesa la conducta agresiva.

El episodio, que se viralizó rápidamente, abre interrogantes sobre los límites entre performance, identidad y espacio público. Más allá del impacto anecdótico, la reacción del animal evidencia un patrón básico de conducta: ante un estímulo ambiguo o percibido como amenaza territorial, la respuesta instintiva puede escalar. Una vez eliminado el elemento extraño —la máscara—, la percepción cambia y la tensión disminuye.

La escena, más que anecdótica, retrata la colisión entre tendencias digitales y la realidad física. En la calle, a diferencia de las redes, no hay filtros ni algoritmos que amortigüen las consecuencias.

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