Berta Pinillos/EFESalud
Los baños de agua fría casi helada son una práctica que puede aportar muchos beneficios a nuestro organismo y no solo después de hacer deporte. Reducen la inflamación, favorecen la eliminación de toxinas y ayudan a liberar el estrés, entre otras virtudes.
Desde hace algunos años no es extraño ver en redes a personas zambulléndose en baños de agua helada por el bienestar que aseguran que les produce. EFE Salud ha consultado a la coordinadora del grupo de trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Jenny Dávalos, para conocer más sobre esta práctica.
Base científica
La base científica de las duchas frías cobra relevancia, explica Dávalos, por la capacidad que tiene el frío para inducir cambios fisiológicos en el organismo al someterlo a temperaturas mínimas.
Cuando los músculos se sumergen en agua a temperaturas inferiores a 15°C, se produce la vasoconstricción proceso en el que los vasos sanguíneos se contraen y esta reacción es «crucial» para mejorar el dolor muscular.
«Una vez que la persona sale del agua fría, los vasos sanguíneos se dilatan nuevamente, lo que facilita el flujo sanguíneo; esto mejora la circulación y ayuda a eliminar los productos tóxicos del metabolismo», asegura la experta de la SEMG.
Cuando practicamos deporte podemos tener al terminar dolor muscular, provocado por el acúmulo de ácido láctico, que contribuye a la fatiga muscular. Y está demostrado que las duchas de agua fría mediante los diferentes mecanismos ayudarán a metabolizar este lactato y cada día mejorará la respuesta al ejercicio.
También reduce la tensión arterial y disminuye los dolores articulares, abunda Dávalos.
«La vasoconstricción inicial reduce la inflamación . Esta reacción, conocida como “respuesta de inmersión en frío”, ayuda a proteger los órganos esenciales del frío extremo y fomenta una circulación eficiente», subraya.
Y la dilatación posterior ayuda a restablecer la circulación, lo que provoca «una inyección de oxígeno y nutrientes».
«Las duchas frías o zambullirse en agua fría promueve la eliminación de toxinas del organismo. Y repetido en varias sesiones, puede mejorar la elasticidad de los vasos sanguíneos y beneficiar la salud cardiovascular y, con ello, la tensión arterial», apunta.
Sistemas inmunológico y nervioso central
Pero los baños en agua muy fría también pueden ayudar al sistema inmunológico, ya que hay algunos estudios que concluyen que la exposición regular a temperaturas frías puede contribuir a un aumento en la producción de glóbulos blancos y mejorar la defensa del organismo ante las infecciones, según la experta de la SEMG.
Y afecta al sistema nervisoso central, porque el cuerpo responde al frío con la activación del sistema nervioso simpático, el mismo que se encarga de prepararnos para continuar o alejarnos de ese estímulo.
«Al activar este sistema, se libera una gran cantidad de hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, las cuales nos permiten resistir el impacto del frío. Curiosamente, aunque esta activación puede sonar estresante, zambullirse en agua fría tomando en cuenta tiempo y señales de alarma son increíbles por su efecto relajante, con la liberación de enforfinas», sostiene Dávalos.
Asimismo, la exposición al frío pude ayudar a mejorar la capacidad de controlar el estrés del día, «al fortalecer nuestro sistema nervioso para responder de manera más equilibrada ante situaciones estresantes».
Las endorfinas actúan como «analgésico natural», con una sensación de bienestar general: «Mejora el estado de ánimo al estimular la liberación de dopamina y control del cortisol», añade.
Algunos consejos
La experta incide en que, si no se ha entrenado previamente, antes del baño en agua helada es aconsejable realizar un calentamiento previo con estiramientos o ejercicios ligeros para preparar los músculos. El objetivo es ayudar a aumentar la circulación sanguínea y evitar un choque térmico.
«Además, es aconsejable tener a mano ropa de abrigo y una fuente de calor, como una toalla, para usar después de salir del agua. Esto permitirá recuperar la temperatura corporal rápidamente tras la inmersión», apunta.
¿Durante cuánto tiempo?
Dávalos asegura que la duración óptima del baño es un pár de minutos y aclara que nunca deben ser más de diez porque puede desembocar en hipotermia.
No obstante hay que empezar de forma progresiva.
«La clave es empezar con 1 minuto nada más. Hazlo repetidamente a diario o según la frecuencia en que puedas durante un mes. La temperatura debe ser entre 10 a 15 ºC. Ya habrá tiempo de bajar, ¡no quieras correr!», afirma.
El tiempo al mes siguiente puede aumentar de dos hasta los cinco minutos.
«Puedes probar nuevas reglas, como una temperatura más baja. Es hora de probar baremos entre 0 y 10º. Aquí será recomendable tener hielo en casa o ir a centros con agua tratada a dicha temperatura», afirma.
Y para el tercer mes «es hora de probar en espacios naturales».
«¡No tiene precio! La hora de darse un baño en invierno en el mar, bañarse en una poza o lago, es increíble. Sólo apto para verdaderos aventureros», subraya Dávalos.
Advertencias
Y una aclaración: una temperatura del agua entre 0 y 15°C es más que suficiente para activar las respuestas fisiológicas del cuerpo sin llegar a niveles extremos que puedan causar daño.
De hecho, agrega, una de las principales preocupaciones al realizar un baño de hielo, es cuando el cuerpo pierde calor más rápido de lo que puede generarlo.
«La inmersión prolongada en aguas frías puede llevar a una disminución peligrosa de la temperatura corporal. Es fundamental controlar el tiempo de exposición para evitar este riesgo», alerta.
Los baños en agua helada están desaconsejados para cualquier paciente con cardiopatía grave, advierte la médica, así como para personas con hipotensiones severas y ciertas patologías cutáneas como la psoriasis y la dermatitis, entre otras, recalca la experta de la SEMG.







